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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 285

NARRADORA

Celine veía la batalla en la distancia.

Su papel era proteger a las tres Selenias de cualquier ataque sorpresa.

A pesar de que sabía que su mate era muy poderoso, que contaba con todos esos soldados sin miedo a morir, no podía evitar preocuparse.

—¡Madre, no te sobrecargues! —el grito de Valeria la sacó de su vigilancia sobre la encarnizada lucha en la distancia, bajo sus pies.

—¡Abuela!

—¡Continúen con el encantamiento, yo resisto! Estamos en el punto crítico, vamos, Valeria, lucha por tu hija, toma el control.

Celine escuchó a través del velo iridiscente que rodeaba a las Selenias, cómo Gabrielle les gritaba.

Las comisuras de sus labios estaban manchadas de sangre, pero sus ojos vibraban con el azul del ayer.

Había recuperado su visión, y las cicatrices que quedaban en su rostro se sanaron al serle devuelto su poder.

Valeria cerró los ojos y decidió dirigir el hechizo. Su madre ya estaba agotada de tanto desgaste.

Celine vio cómo alas de cuervos comenzaron a brotar de todas partes del cuerpo de la actual reina, como plumas que se elevaban al aire y chisporroteaban con la magia dorada.

Esas plumas se transformaron en más cuervos, grandes y agresivos, que graznaban frenéticos.

Se impregnaron con el poder de las Selenias y comenzaron a pintarse de dorado.

—¡AHORA, SIGRID! —Valeria rugió, arrojándolos todos hacia su hija.

Su madre la siguió con un alarido de batalla, apenas dejando algo de energía para ellas y los cachorros.

Todos los pelos de la nuca de Celine se erizaron al ver la increíble escena.

Rayos dorados electrificados comenzaron a atravesar el cuerpo de Sigrid por todos lados.

Sus botines se elevaron del suelo, sus ojos cerrados, la cabeza elevada, el cabello negro revoloteando en el aire cargado de magia.

Una explosión de luz cegó los ojos de Celine, y a la vez, una onda expansiva de poder la arrojó con fuerza contra la roca de la ladera de la montaña.

Escupió de golpe un poco de sangre, tomada por sorpresa, pero enseguida se levantó lista para atacar.

Solo que el ataque ni siquiera había sido en esta zona, sino muchos kilómetros más adelante.

“Diosa, ¿qué es este sentimiento de opresión en el pecho?”, pensó, sintiendo que le faltaba el aire. “Si yo me siento así a esta distancia, ¿cómo estará la vanguardia?"

Achicó los ojos mirando a la lejanía.

A través de los enfrentamientos de vida o muerte entre espectros y seres sobrenaturales, pudo descubrirlo: el Rey Aldric luchaba contra lo que parecía un hombre.

Un hombre que daba la sensación de ser invencible.

*****

ALDRIC

“¡BEOF!" rugí, arrojando a un lado a uno de esos asquerosos espectros al ver al gigante lycan blanco caer de golpe contra el suelo como si fuese de papel.

Estaba malherido. ¿Cómo pudo suceder esto si hasta ahora mismo estaba bien?

Sobre él, un hombre lo presionaba con un solo pie.

Una armadura negra poderosa lo rodeaba por completo, pareciendo impenetrable.

Largas tenazas, como garras gigantes, salían de su espalda.

El rostro… no se veía su rostro, oculto tras una máscara negra cadavérica.

Tenía que ser él. Ese poder tan aplastante debía ser Umbros.

Las criaturas oscuras a su alrededor se pusieron frenéticas y atacaron con más cizaña.

Mis garras de acero se movieron directo al punto entre la máscara y el cuello.

También lo analizaba y parecía ser el lugar más débil.

Avancé con todo, a punto de que me cercenara el brazo.

La otra mano se me quemaba por la magia corrosiva, sosteniendo el mango de la lanza para evitar que siguiera profundizando en la herida.

Mi lycan, con las poderosas fauces abiertas, mis garras a solo milímetros… parecía un ataque inminente.

Sin embargo, todas mis alertas sonaban como cuernos de guerra.

"¡MALDIT4 SEA, ALÉJATE ALDRIC! ¡LAS GARRAS DE SU ESPALDA NOS ATACAN A TRAICIÓN!"

Azarot explotó con toda su energía, movilizando los músculos y la rapidez de la bestia lycan, tomando el control, aunque sabíamos que era imposible esquivar del todo esta encerrona.

"¡Si me vas a joder, te llevo conmigo! ¡Esto es por manosear a mi hija, maldito pervertido!"

Rugí, listo para el dolor de esas cosas que se avecinaban, arqueándose sobre el cuerpo gigante del lycan como puñales asesinos que me iban a atravesar por la espalda, eso era seguro.

Mis garras se clavaron a la vez en su rostro, rompiendo la dura coraza de la máscara, y las fauces mortales se abalanzaron contra su cuello, resistiendo el dolor de la lanza y el peligro del ataque por venir.

Ni siquiera tuve tiempo de detallar su rostro.

Iba directo a destrozarlo y debilitarlo.

No podía asesinarlo y tampoco creía que con este ataque lo lograría, pero al menos me llevaría un buen trozo de él.

De un momento a otro, destellos dorados brillaron en las pupilas de mi lycan, que se contraían ante la claridad explosiva.

Todo sucedió en segundos.

Fui arrastrado por hilos de magia que me separaron de Umbros, arrojándome lejos de su ataque.

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