KATHERINE
—¡No, no, dejen a mi hija, déjenla! ¡Pueden hacer conmigo lo que quieran, yo seré su rehén, yo!
Me ofrecí, pero esa vieja bruja le hizo caso a su hijo y se fue a perseguir a Lavinia.
—¡Déjame ir, déjame! ¡Aaahhh, maldito psicópata! —rugí cuando mi boca fue mordida.
Sentí sus dientes haciéndome sangre el labio inferior para luego retirarse saboreándose.
Me tenía atrapada contra el árbol, controlada; no podía escapar.
—Así que estás dispuesta a lo que sea, Duquesita. ¿Y si te ofrezco un trato? Si te portas bien, quizás deje ir a tu mocosa —de repente, en medio de mi resistencia, me dijo esas palabras que me hicieron detenerme a mirarlo.
Sabía que estaba jugando conmigo; entendía muy bien lo que me pediría a continuación.
Había pasado por esta situación tantas veces.
Por un plato de comida en días, por un sorbo de agua sucia, por algo que me diese calor para no morir congelada en mi celda… cuántas veces no me tuve que prostituir para sobrevivir.
—Me estás mintiendo, no dejarás ir a Lavinia… —le respondí con voz ronca; su mano seguía apretándose en mi cuello.
—Quién sabe, al final esa niñita malcriada no me sirve de mucho, y yo prefiero a una rehén cooperativa y complaciente que a una rebelde…
Los dedos de su mano libre comenzaron a pasar por las curvas de mis senos.
Parecía que cada toque me quemaba; mi cuerpo entero resistiéndose a ceder.
—Nunca me había fijado bien en usted, su señoría. Antes eras más… invisible, pero desde que te vi hoy, joder, no pude olvidar el rebotar de esas tetas casi por fuera del vestido en la entrada al castillo.
“Mmm” gemí de dolor al sentir el pellizco retorcido sobre uno de mis pezones por encima de la tela.
Su rodilla se quería meter a la fuerza entre mis muslos, que yo pegaba desesperadamente.
—Dime, Duquesa, ¿qué te parece mi propuesta? Mírame a los ojos; sé muy bien que el Duque no te folla. ¿Hace cuánto que un hombre no se mete en tu coño? —sonrió burlón, bajando la mano para toquetearme por el vientre en camino a mi intimidad.
Respiraba pesado, mi mente hecha un caos.
No iba a ceder, ¡no quería! La bilis me subía, a punto de vomitarle en la cara.
Tampoco dejarían ir a Lavinia, aunque me dejara violar por este sádico.
Sacrificarse sería de idiota, pero quizás podía hacerlo bajar la guardia.
—Te veo pensándolo mucho; mi paciencia tiene un límite…
—Está bien —abrí los ojos y miré a los suyos llenos de lujuria descarada.
Solo pensaba en escapar en cuanto se confiara un poco y darle caza a su madre, recuperar a mi hija.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...