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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 388

KATHERINE

El grito se quedó atascado en mi garganta.

A penas fue un borrón, sus pasos retumbaron sobre la tierra, salió del bosque profundo, sus garras enormes estiradas hacia la espalda de Francis.

Su rugido rajó la noche; el mundo entero pareció estremecerse.

Al hombre que me acorralaba poco tiempo le dio para reaccionar.

El grito de agonía se escuchó cuando esa mano llena de un denso pelaje se aferró a su cuello, sosteniéndolo como un muñeco de trapo.

Lo alejó de mí, alzándolo sobre su cabeza.

Parecía un gigante frente a mis ojos; los suyos eran rojos, despiadados, como dos fríos rubíes.

El estruendo me estremeció, me hizo caer de golpe contra el tronco, agarrándome las rodillas, pegándolas a mi pecho como protección.

Temblaba, castañeando los dientes y solo veía en carmesí, mientras la lluvia de sangre caía desde las alturas.

Despedazó el cuerpo de Francis entre sus garras; sus fauces abiertas no paraban de rugirle enardecidas, con odio visceral.

Los órganos salieron volando, manchando el verde de la hierba; un brazo cayó cerca de mis pies.

Me hice más pequeña, queriendo parecer invisible, no ser notada. Algunas lágrimas de miedo bajaron por mis mejillas.

¿Qué era esa criatura que nunca había visto en mi vida?

¿Después de asesinar a Francis, vendría a por mi cabeza?

Pronto todas mis preguntas serían respondidas.

*****

Terminó la matanza, arrojando como si nada la cabeza de ese soldado a un lado.

A pesar de la situación, por dentro sentí un oscuro placer al ver el rostro rasgado distorsionado, las cuencas de sus ojos vacíos, músculos y hueso sobresaliendo y el cerebro a medio exponer.

Me olvidé incluso por un segundo de su verdugo y cuando volví a fijar mi mirada errática en esa criatura, la encontré estática en el medio del claro.

Parecía rígida, parecía… no sé, como si de repente se hubiese dado cuenta de algo.

Entonces su enorme cabeza lobuna se giró lentamente hacia mí.

Ese era su aspecto, un enorme lobo castaño oscuro parado en sus dos poderosas patas traseras, como un hombre descomunal, salvaje, pero en su forma más primitiva de bestia.

Pensé en escapar, me pasó por la cabeza mientras esos orbes fieros conectaban con los míos en pánico, no podía moverme, congelada, paralizada de puro terror.

Me encogí aún más, casi haciéndome un ovillo al verlo bajar sus patas delanteras, apoyándose sobre la hierba del bosque, así avanzó, como un animal, un paso a la vez, lentamente.

Miré fijamente a sus caninos que podían desgarrarme la garganta en un segundo, cerró entonces la boca de golpe.

*****

ELLIOT

“La estás aterrorizando, ¡déjame salir de una puta vez!”

“¡NO! ¡No puedes defender a mi hembra!, ¡¡mira lo que ese infeliz le hacía, huele a él, lo odio tanto!! ¡Si me hubiese permitido tomar el control antes, nada de esto hubiese pasado, nunca permitiría que le hicieran daño, no me hubiese alejado de Katherine!”

“¡Vorath, ya te he explicado los hechos, déjame salir a hablarle y calmarla! ¡Debiste asesinar a ese hombre lejos de Kath, ahora te tendrá mucho miedo!”

“¡No me llames por mi nombre, no tienes ese derecho, solo Katherine puede hacerlo! ¡Y una mierd4 vas a salir, yo puedo consolar muy bien a mi hembra! ¡Le demostraré que con ella soy un lobo bueno, yo la amo, solo me comporto así con los que quieran dañarla!”

Habíamos estado discutiendo desde el primer momento que mi lobo interior se liberó de sus cadenas, las mismas que yo le había impuesto.

Ahora miraba a través de sus ojos, acostumbrándome a esta rara sensación, mientras mi mujer era lamida por todos lados y temblaba bajo el aura dominante de mi lycan.

Podía sentir los deseos intensos de mi lobo, sus sentimientos profundos, él la llamaba mate, su destinada.

Esa conexión profunda que tuve con Katherine y no sabía explicar, mi parte animal la supo identificar incluso dentro de su prisión.

Sé que hice mal al reprimirlo, temía lo que no podía controlar y las consecuencias en este maldito reino.

Ahora vería cómo hacerle saber a mi mujer que esta bestia, que había acabado de desmembrar a un hombre justo frente a su cara horrorizada y moría por marcarla con su olor, no era otro que su esposo, el Duque de Everhart.

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