LYRA
Nunca he estado tan frustrada y enojada. Drakkar está demostrando ser más cabeza dura que una roca.
“Lyra, creo que ya puedo salir, necesito quemar energía porque estoy pensando seriamente en morderle las nalgas a cierto salvaje.”
Aztoria me dice de repente y estoy de acuerdo.
Me escabullo de la cueva y me alejo de la manada.
Cuando estoy segura de que nadie me sigue y no hay peligros, me desnudo.
La verdad es que mi ropa ya está hecha un desastre, debo pensar en vestirme con trozos de pieles, pero son demasiado ásperas y rudimentarias.
Eso lo veré después, ahora invoco el cambio.
Cierro los ojos y disfruto del dolor de liberar mi parte animal.
Caigo al suelo en cuatro patas, las encías se hinchan y se abren a la afilada dentadura.
Mi rostro se alarga en un morro, mis extremidades crujen, cada hueso y músculo fusionándose en un nuevo ser.
Siento mi piel arder y mis poros dilatándose en un tupido pelaje.
Elevo la cabeza y el rugido de Aztoria resuena entre los altos árboles.
Me sumerjo en mi mundo interior y le cedo el control.
Toma la ropa en su poderosa boca y una loba blanca de casi dos metros comienza a correr indomable por el bosque salvaje.
Sus sentidos alertas a cada depredador alrededor, al peligro asediando incluso sobre las ramas y volando en el aire.
Corre y corre. Saboreo el viento a través de sus sentidos, los olores intensos que nos rodean.
No sé cuánto tiempo Aztoria exploró y las patas se movían veloces, jugando con el desafío.
Éramos poderosas, una Alfa diferente, con magia en nuestra sangre.
La añoranza por mi casa me golpeó una vez más.
Extrañaba a mis padres, a mis abuelos y bisabuelos.
Crecí con tanto amor que hasta las bromas pesadas de tío Dave me parecían ahora súper divertidas.
Me sumergí en la oscuridad, olvidando, desconectándome de los problemas.
Muchas horas después, Aztoria comenzó a llamarme.
“Lyra, estoy toda sucia, vamos a esas termas.”
Me propuso y así lo hicimos.
El olor de peligro aún prevalecía, marcando el sitio, y con la masacre de Drakkar, la jungla estaba más en calma.
No se trataba solo de las grietas sobre el suelo soltando humo que me hacía sudar profusamente, sino de los puntos brillantes incrustados en las paredes.
—¡Es Gaia! —grité emocionada, caminando hacia la pared próxima y pasando la mano por los cristales negros.
Su energía mágica chisporroteaba, haciendo resonancia con la magia en mi interior.
Este mineral era demasiado importante.
Se había encontrado en las tierras del antiguo Reino Oscuro y se creía que potenciaba el poder de las criaturas mágicas.
Un elemental fue quien lo descubrió; ellos estaban más desarrollados en la fabricación de armas y herramientas.
Como seres sobrenaturales, nunca tuvimos que crear esos artilugios. ¿Para qué?, si la mejor ventaja estaba en nuestros cuerpos.
“Lyra, si logramos fundir un arma, ¡sería muy bueno para Drakkar!” —Aztoria pensó en lo mismo que yo.
Mis ojos se desviaron a las fumarolas que elevaban humo blanco a las nubes.
Toda esta cueva era un horno natural de fundición. No sabía el proceso en detalle, pero podríamos intentarlo.
—Debo buscarlo enseguida, no podemos hacerlo solas —corrí de regreso llena de emoción.
Tomé la ropa de las termas y me vestí con prisas, saliendo por la gruta hasta la cueva principal.
Pero iba pensando en tantas cosas, recordando cómo hacer el arma, que no descubrí la otra presencia cerca de la cueva hasta que impacté de frente con el duro pecho de un hombre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...