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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 507

LYRA

Por un segundo creía que era el fastidioso de Verak persiguiéndome, pero ni siquiera pude reaccionar cuando fui rodeada por unos fuertes brazos.

—¡Lyra! —la voz ansiosa de Drakkar resonó sobre mi cabeza, su corazón palpitaba con fuerza contra mi oído.

—Drakkar…

—¿¡Por qué saliste sola de la manada y viniste tan lejos?! ¡Es peligroso!—se separó tomándome de los hombros, sus ojos ansiosos, podía sentir su preocupación.

—Yo, solo vine a bañarme…

—Debiste esperarme, pensé… yo pensé… —sus pupilas erráticas, la sombra de las runas comenzaban a arrastrarse por su piel mientras luchaba por el control.

“El cosito pensó que nos escaparíamos sin él.” Aztoria entendió también los sentimientos de Drakkar. “Mi muñeco bello, sin ti no voy a ningún sitio, cariño.”

—Drakkar, no me iba a escapar, me dijiste que irías a cazar…

Volvió a abrazarme, sumiéndome en sus pectorales, sus manos me rodeaban la cabeza y la espalda tan fuerte que estaba en los límites del dolor, pero mi alma se sentía muy dulce.

—Lo lamento, Lyra, no te rechazo porque te odie, yo solo… no quiero hacerte daño —murmuró respirando pesado, debía dolerle luchar siempre contra él mismo.

—Drakkar, tranquilo, tranquilo, lobito…

—Cuando llegué a la cueva y no te vi… —hizo una pausa, dudando en revelar sus miedos.

—… te llevaré a tu casa, no te escapes, Lyra, no te escapes de mí —cerré los ojos y los estreché contra mi cuerpo.

«Por supuesto que no me voy a escapar, mate tonto e inseguro, ahora que te encontré, soy yo quien no te dejará ir»

Pasaron unos segundos en los que no dijimos nada, solo entrelazados en medio de la jungla, sintiendo cómo olfateaba profundamente mi cabello y pasaba su mano con torpeza por mis curvas.

—El Alfa me dijo que tenía que ir con el equipo de intercambio —se rompió finalmente la burbuja donde estábamos.

—¿Equipo de intercambio? —le pregunté alzando la cabeza.

—Te cuento en la manada, este sitio no es seguro…

—No, no —lo detuve cuando hizo por jalarme de la mano—. Vamos dentro de la cueva, yo también tengo algo que enseñarte.

Entonces pasamos al interior, sumergiéndonos en este tesoro que habíamos encontrado.

Drakkar me fue contando lo del intercambio de bienes y mi mente empezó a idear planes, sobre todo porque saldríamos al fin de esta manada.

—Drakkar, ven, hay algo que deseo enseñarte, que es muy importante —le dije, guiándolo a través de los túneles donde apenas y cabía.

—Lyra, hay demasiado calor aquí, puedes enfermarte —se paró frente a mí para protegerme del humo que expulsaban las fumarolas.

Mi corazoncito más caliente que esas grutas.

—No te preocupes, observa esto, Drakkar, es muy bueno. ¡Sirve para hacer armas mágicas poderosas! —le señalé las piedras y sus dedos callosos fueron a palparlas.

—Creo que vi algo parecido en la cueva de la curandera una vez, pero su color era azul —susurró pensativo.

Mi ceño se frunció, pensando en su maldición.

Siempre he dado por sentado que esa mujer no tiene el poder para encarcelar así a un lobo tan poderoso como el de Drakkar, ¿pero y si la estoy subestimando?

Muchas cosas en este mundo son desconocidas para mí.

De todas formas, ahora no tenía manera de comprobarlo y el tiempo apremiaba.

—Drakkar, intentemos hacer armas, para ti, y puede quedar alguna para intercambiar en ese festival. Iré contigo —le dije tomando mi decisión.

Esperaba que no se negara. Se giró para mirarme con esos ojos profundos que eran mi perdición.

—No me quedaré sola…

—No. Te vas conmigo, voy a cuidarte, Lyra, te protegeré con mi vida.

“Ay Diosa, como que hace calor en esta cueva.” Aztoria ronroneaba como gata y yo estaba en la gloria solo con algunas palabras bonitas.

—Voy a ir contigo siempre, Drakkar, siempre —suspiré, dejando de lado las ganas locas que le traía a este macho.

—Tengo algunas ideas para hacer cuchillos, será un trabajo duro, pero creo que funcionará.

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