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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 548

LAVINIA

Rugí de nuevo, con los recuerdos mezclados en mi cabeza, una nube oscura tapa el rostro de ese hombre que empujaba su virilidad en mi boca, ¡pero yo sé lo que vi después!

—¡No estoy loca!

Pero ¿Laziel?… no me lo imagino como ese macho ardiente y apasionado que me comió el coño la primera vez y luego casi me monta dentro de ese armario.

—Laziel es frío… él… él nunca me vería de esa manera… como una mujer… es más tieso que un palo… — miro al espejo mientras intento autoconvencerme a mí misma.

Sin embargo, todavía recorre mis venas, esa magia poderosa que está nutriendo mi propia energía agotada.

Me costó mucho trabajo controlarla. Aun el pecho me duele, sentí por un segundo que me explotaría el corazón.

Es voraz, hambrienta, opresiva y lucha con mi propia magia por controlarme.

Cada hechicero tiene su sello, su propia esencia, y aunque Laziel y yo nunca practicamos mucho juntos, recuerdo la intensidad de su poder.

Me quedo mirando como una tonta mi reflejo.

Todas las evidencias se me han curado, pero aun la sensación de sus dedos en mi intimidad, de su boca besándome el cuello, me provoca escalofríos y no de miedo precisamente.

Me desmayé en el armario, pero amanecí en mi cama, limpia y fresca, pero desnuda.

¡¿Quién diantres me trajo?!

¿Alguien hurgó en mis recuerdos y se hace pasar por Laziel?

De repente tocan la puerta y doy un brinco. Los nervios los tengo a flor de piel.

—Pase —le indico a la doncella y entra para informarme que iremos a desayunar y luego a otra prueba de Su Majestad.

Tengo que descubrir la identidad de ese hombre como sea.

No puedo negar más que me atrae de una manera demasiado intensa y rara.

¿Y si de verdad es Laziel y no lo imaginé?

*****

Camino hacia el comedor con el ceño fruncido, pensando en qué hacer a continuación para exponerlo.

—Como les dije, a Su Majestad no le gustan las mojigatas y prefiere las hembras de verdad —repentinamente la voz de esa Beta se escuchó frente a mí.

Estaban algunas mujeres haciendo tertulia en la puerta del comedor; parecían esperarme.

Seguí a las demás hasta una arena amplia en la parte trasera del castillo.

Aquí sería la próxima prueba y, por lo que vi, se trataba de pelear entre nosotras.

Paradas una al lado de la otra, veíamos a las personas de la manada real que se sentaban en las gradas, pero mis ojos no dejaban de mirar al asiento más elevado.

Detrás de un velo oscuro se volvía a esconder, pero juraría que me miraba.

Esa energía, que aún no procesaba del todo, se movió con fuerza en mis venas.

—Esto es para ti —de repente uno de los sacerdotes se detuvo frente a mi posición, extendiendo una botellita con un líquido oscuro adentro.

—¿Para mí? —la tomé con dudas—. Pero…

—Bébela —me insistió en voz bastante alta.

—Es un regalo de Su Majestad por haberlo servido bien toda la noche.

Soltó sin más, haciéndome sonrojar, y la cara de las mujeres era de puro asombro, menos una, que estaba a punto de crear problemas.

—¡Sacerdote, debe haber una equivocación! ¡Ese obsequio es para mí!

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