NARRADORA
El sacerdote a cargo miró a esa mujer molesta que no paraba de berrear y querer llamar la atención de su majestad.
—¿Por qué habría de equivocarme? —se giró para mirarla con desafío
—. Si el mismo Rey envió el obsequio para la Srta. Rosemarie, ¿por qué tendría que entregártelo a ti?
Vera apretó los dientes ante el desafío del sacerdote.
Ya no le temía tanto a ese vejete que obviamente le traía manía. Ella sabía que el Rey la deseaba.
Parece que el sacerdote favorecía a la tal Rosemarie de alguna manera; quizás fue hasta quien se acostó con esa resbalosa.
Definitivamente, ella ya conocía el aroma real de su majestad y esa zorra tenía el mismo olor encima que el primer día.
Obviamente, nunca estuvo con el Rey.
—Ya le demostraré por qué debe dármelo a mí.
Con la confianza que le daba haberle dado varios orgasmos al monarca dentro de su coño, caminó con la cabeza en alto hasta los bajos del estrado.
—¡Su hermosa majestad, pido justicia para su servidora que está siendo calumniada! —dijo con la voz resonando en todos lados.
Los invitados de la manada la observaban con curiosidad e incluso personas de su misma manada que asistieron a animarla.
—¡El sacerdote está favoreciendo claramente a esa mujer que está haciéndose pasar por su amante!
—¡¿CÓMO TE ATREVES?! — Visconzuelo le rugió con ira en los ojos.
Vera se estremeció por un segundo, después de su majestad, los sacerdotes tenían mucha influencia.
Pero volvió a recordar la apasionante noche y la prudencia se le fue para los pies.
—¡Solo digo la verdad!
La atmósfera se quedó estancada, el público murmuraba, nadie entendía el meollo del asunto.
En medio del enfrentamiento hubo un soplo que movió el alto velo. El Rey había dado su veredicto en la mente de Visconzuelo.
—¡Su majestad dice que esta poción está preparada para que la tome quien lleve su esencia por dentro, cualquier otra persona solo revelará sus mentiras! — dijo entre dientes con ganas de destrozar a esa mujercita.
—¡Bébela y veremos de verdad con quién te enredaste como una cualquiera!
Le gritó sin filtro y la beta le arrebató la botella extendida, mirándolo con odio.
¡Lo iba a desenmascarar!, ¡a él y a esa puta que seguro era su amante!
Con la confianza a tope, abrió la tapa y bebió de la oscura y amarga bruma.
Lavinia la vio dándole una mirada asesina y ya hasta le tenía lástima a esa idiota.
Ella solita estaba cavando su tumba.
En cuanto la magia del Rey tocó su interior, Vera cayó al suelo en cuatro patas, sudando y rugiendo, temblando con un dolor que desgarraba su cordura.
Sus ojos se pusieron por completo en negro durante un segundo y luego volvieron a la normalidad.
Pero su mente ya estaba confundida y sus sentidos buscaban como locos al hombre que la montó durante toda la noche.
Se levantó de golpe, olfateando el aire y mirando desesperada entre la servidumbre bajo el escenario de la arena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...