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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 592

NYX

Bien, hoy es el día de salir a explorar este mundo.

No he visto más a Aidan desde la discusión con Isabella.

Se nota que si fuese por él, me tendría prisionera en la mazmorra de su castillo… que lo intente si puede.

Miré hacia atrás, a las ventanas que daban a la habitación de la hechicera, pero se había quedado protegida por la magia de Theo hasta que llegara su hermana, la sanadora.

Ese lobito tampoco había venido más a visitarme… quizás era mejor así.

—Solo serán unos días —murmuré con sentimientos encontrados.

Los pasos seguros de mis botines me llevaron por los jardines delanteros hasta el camino de piedra que se perdía montaña abajo y fuera de las murallas heladas.

Iría a una manada en dirección noroeste. Isabella me dijo que ahí alguien me encontraría y me guiaría al pantano.

No sé con quién tanto se comunicaba, no quería espiarla y menos cuando me estaba ayudando.

Seguí el trayecto que me marcó y pretendía dar una vuelta por el continente de los hombres bestias.

Podía invocar mi poder y volar con el viento, pero preferí caminar, estirar las piernas y disfrutar de este paisaje.

Sin embargo, no conté con la emboscada que me esperaba más adelante.

Lo supe sin siquiera verlo, la brisa me trajo ese aroma embriagante que penetraba en mis sentidos.

Salí de entre los árboles por donde serpenteaba el camino y estuve en un claro, donde él me esperaba.

Su mirada severa me atravesó, esos ojos azules como el cielo, con las facciones masculinas afiladas; jamás pensé que el cabello platinado fuese tan hermoso como cuando lo conocí.

—Príncipe Aidan —me detuve a unos metros de distancia, intentando controlar los latidos erráticos de mi corazón.

—Estás perdiendo el tiempo, encontrar los portales no es tan fácil, no sin un guía —me dijo de manera hosca.

—Entonces sea mi guía… muéstreme cómo regresar a mi casa…

—Ni siquiera sé cuál es tu casa —me dijo algo muy cierto.

Estuve tentada a hablarle de esa magia del corazón, pero las advertencias de Isabella me detuvieron.

Su aliento frío abanicaba en mi piel, su cuerpo enorme me tenía acorralada y, por la Diosa, esto no me estaba dando nada de miedo…

¿Qué cable se había zafado en mi mente?

—Te propongo algo, principito —le dije, interrumpiendo sus palabras, porque el impulso de callar esa boca con la mía, me estaba enloqueciendo.

Su voz salía ronca, su respiración se aceleraba a cada segundo y ya no estaba segura de si ese Alfa en realidad me quería despedazar.

—Entonces, ¿qué quieres para negociar?

“A ti” una voz demasiado retorcida resonó en mi cabeza, pero me hice la de oídos sordos.

—Ya que no puedes aceptar que no soy una mujer fácil de intimidar, ¿qué te parece una apuesta?

—¡Esto no es un juego, Nyx! —se encorvó aún más, apretando mi cuello, pero jamás llegó a hacerme daño.

—Alfa —le hablé directamente a su lobo interior, lo sentía empujando su dominación en mi mente.

—. Lucharemos como iguales. Si logras someterme en cinco minutos, regreso al palacio, y si no… me dejas salir a explorar.

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