NARRADORA
—¿Qué sucedió, Dalila? —un hombre se despertó a su lado, su cabello platinado por las canas, sus ojos azules vibrantes.
—Aron, ya está aquí —le dijo, mirando a los orbes preocupados de su compañero.
—. Alguien hizo resonancia de almas mágicas con Theo. Aidan tiene otra oportunidad.
Aron, el Druida de los Hombres de Invierno, mostró asombro en su expresión.
Aidan no solo era el príncipe de este continente, sino también su sucesor.
De hecho, el alumno superó al maestro.
No todos los Hombres de Invierno podían manifestar su magia fuera de su cuerpo.
Theo era único, y mostraba la fortaleza interior de Aidan.
—Debo avisarle a la reina —Dalila le dijo enseguida, levantándose de la cama para arreglarse.
—¿Cómo lo supiste? ¿La Diosa te lo reveló en sueños? —le preguntó a su compañera, la Sacerdotisa de las Centurias.
El destino era algo curioso, y los dos ancianos de los clanes resultaron ser mates después de siglos de disputas entre ellos.
—No, me lo reveló… Isabella. Ella se despertó, pero no quiere que lo sepan muchas personas. Debo contactar a su hermana Lisa en silencio —le dijo con un suspiro de tristeza.
Ambos se miraron por unos segundos.
Sobraban las palabras, sabían muy bien por qué la princesa hechicera llamaba a Dalila.
—Tenemos que ayudar a esa hembra. Su nombre es Nyx, es una forastera. Sabes que Aidan la va a rechazar a toda costa —Dalila agregó, entrando al baño.
—¿Y lo culpas? —Aron susurró en voz baja—. Si te pierdo, tampoco quisiera un reemplazo.
“Theo puede haber encontrado su alma mágica gemela. Pero, ¿y Vlad? ¿Ese Alfa dejará ir el vínculo marchito con su compañera? Él fue quien reconoció a Isabella como su mate"
Aron pensó en cómo debería estar Aidan por dentro.
A veces ser tan poderoso tenía sus consecuencias.
El propio príncipe parecía dividido en tres personalidades diferentes y no siempre todas estaban de acuerdo.
*****
Los pasos de la Sacerdotisa se mezclaban con el clac, clac, clac de su bastón mágico.
Siempre andaba apoyada en su bastón.
Los ilusos creían que porque era una anciana de varios milenios... los que la conocían sabían que solo lo usaba para golpear la estupidez fuera de las cabezas necias.
Y hablando de cabezas necias, Dalila tocó la puerta de los reyes.
Pocas personas se atrevían a importunar las recámaras reales a estas horas.
La razón era muy sabida por el reino entero.
El Rey Cedrick, un Hombre de Invierno, estaba siempre derretido sobre su Centuria.
—¿Qué quiere entonces tan temprano la Sacerdotisa? ¿No ve que estamos ocupados? —la miró con evidente fastidio.
Estaba pasándola tan rico con su hembra, y esta anciana siempre era una inoportuna.
—¡Ustedes andan ocupados a cualquier hora! No sé cómo solo tienen 2 hijos y no han repoblado el reino entero en tanto tiempo.
—Cedrick, ya basta, amor. Deja de molestar a Dalila —la voz ronca de la reina se escuchó a la espalda del salvaje platinado.
Sus ojos azules enseguida se suavizaron al escuchar a la hembra que se acercaba, cerrándose la bata.
Su cabello castaño y rojizo caía hasta casi llegar a sus nalgas, su rostro maduro pero aún hermoso y vibrante.
Cedrick se inclinó, con la suave barba corta cosquilleando en la sien femenina, para darle un tierno beso mientras la sujetaba de la cintura.
—Las dejo para que hablen —dijo con voz magnética, inclinándose para susurrarle en voz baja a la reina Centuria
—. Me debes un orgasmo, nena…
Dalila puso los ojos en blanco. ¿Acaso creían que era sorda?
—Rey Alfa, no se marche. El asunto que vengo a comunicarles es sobre el príncipe heredero.
Toda la atmósfera relajada se congeló de golpe.
— No me digas… Bella, ¿murió? – los ojos rojizos de Raven se tornaron turbulentos.
— No, su majestad… es algo mucho más… complicado. Debemos ayudar a su hijo Aidan y a otra persona especial…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...