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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 593

NYX

Aidan se quedó en silencio, me miraba intensamente, queriéndome devorar, destrozar, arrinconar, revolcar… no sé, no entendía para nada a este hombre y todas sus facetas.

—Bien, pequeña bruja —de repente esa voz lobuna susurró en mi oído cuando el macho de invierno se inclinó a hablarme.

—. Pero, aunque llores, no voy a tenerte nada de compasión. Es hora de que aprendas quién manda aquí.

Incluso tuvo el descaro de amenazarme.

Bufé al verlo alejarse, quitándose la túnica negra que llevaba, la camisa blanca; caminando hacia el refugio de unos árboles.

—¡Soy una Selenia, una Selenia! —le rugí, aunque empezaba a darme cuenta de que me llamaba bruja solo para molestarme.

Mis ojos se clavaron en la musculosa espalda desnuda que apenas y pude vislumbrar antes de que se metiera detrás del tronco.

“Concéntrate, Nyx”

Me palmeé las mejillas y respiré profundo, cerrando los ojos y convocando el cambio.

Tenía buen control de mi forma mágica de loba.

Al abuelo le encantaba llevarnos a correr bajo la luna y enseñarnos a luchar; ni siquiera Laziel se libraba de eso.

Sentía la transformación recorriendo mis extremidades, la bruma oscura saliendo del interior de mis poros, vibrando en las terminaciones nerviosas.

Él ni siquiera me dio tiempo a respirar.

Abrí los ojos al sentir la amenaza y el susurro de las hojas aplastadas bajo las patas veloces.

Un enorme y magnífico lobo blanco con pupilas rojas penetrantes venía corriendo enfurecido hacia mí.

“¡No te voy a tener compasión porque no te puedas transformar en loba; hembra desobediente, voy a darte una lección!”

Rugió por el vínculo universal de su raza, y este hermoso ejemplar no sabía algo… las Selenias podían acceder a esa comunicación.

“¿Quién dijo que no me podía transformar en tu especie?”

Mis ojos azules más claros miraron a los suyos, disfrutando el brillo de asombro que no pudo ocultar.

Con una media sonrisa esparcí la bruma oscura que lo cegó unos segundos, solo necesitaba eso…

“¿Cómo… cómo puedes escucharme?”

“¡Mejor cuida tu espalda y espabila, lobito!”

Además, el abuelo Aldric me entrenó para luchar contra lycans, pero algo me decía que Vlad ni siquiera estaba siendo serio…

Cada vez que sus fauces estaban a centímetros de mi pelaje, “fallaba” o bajaba la velocidad.

Muchas veces me tuvo revolcada contra el césped, su cuerpo enorme dominando a mi pequeña loba, pero dejaba siempre un resquicio para escabullirme.

Un Alfa como él, no cometía esos errores. Algo me decía que ese lobito estaba disfrutando de nuestra “pelea” más de lo que admitía.

Saltó en un descuido encima de mi espalda, pero arrastré mi pata y arrojé algo de grava a sus ojos.

“¡Tramposa!”, exclamó en mi mente, moviendo con fiereza la cabeza.

“¡Aquí todo se vale, Vladcito, ya te queda un minuto!” —le grité y comencé a correr por el bosque.

Mi corazón latía como un tambor contra el cofre del pecho, pero hacía mucho que no me sentía tan viva.

Además, estaba jadeando y cansada, no aguantaría esquivando todo el tiempo.

Por un segundo me detuve en los lindes de la arboleda y miré hacia atrás.

Vlad se había quedado en el claro y solo me observaba intensamente… pero no me seguía.

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