AIDAN
Su cuerpo está temblando. No cierra las piernas, pero se nota su rigidez y resistencia.
Miro hacia abajo.
Ni siquiera he metido el glande por completo, pero su expresión de molestia me hace caer en una realización increíble.
Ella sí es virgen de verdad… nunca se ha entregado a ningún otro macho y, en esta loca fantasía, me va a dejar que tome su primera vez.
Y mi corazón comienza a palpitar alocado mientras nos quedamos mirando.
Algo me ruge que ella es mía, creada solo para mi placer.
Que esta magnífica hembra ha estado esperando por mí.
No quiero herir su cuerpo, ni siquiera en esta ilusión…
El Aidan de mi mente también se resiste a pesar de los deseos locos de montarla… él no sabe cómo hacerle el amor, y yo entiendo cada vez menos esta locura...
Quiero despertar y a la vez no… ¿estoy en mi cuarto o estoy en el bosque?
Me siento arrodillado entre sus piernas.
Maldita sea, no puedo dejar esto así.
—Puedes… puedes hacerlo, si eres tú… está bien… —escucho su voz suave y miro su rostro.
Mujer, no pongas esa expresión por la Diosa, que vas a terminar por destrozar mi poca cordura.
Con cara de inocencia, las tetas afuera y la concha rosada lista para mí, de verdad… me matas.
No pude resistir más y me incliné a besarla íntimamente, como jamás imaginé que desearía besar a otra mujer que no fuese “ella”.
Cayó sobre la manta y yo encima, presionando su sexy cuerpo.
Me apreté el falo en un puño y comencé a menearme sobre sus caderas, metiéndolo entre los pétalos resbalosos, empujando bien rico la cabeza contra su clítoris.
Pronto nos pusimos calientes de nuevo, entre besos y caricias.
Sus gemidos se perdían en mi boca, su garganta vibraba bajo mis labios.
Mi boca capturó al fin una de esas tetas que moría por mamar.
El sudor bajando por su cuello y las gotas que moría por lamer de sus senos.
Tembló contra mí y el aroma de su magia flotó con fuerza en el aire, expandiéndose como una onda de afrodisíaco que penetró en mi alma y me elevó a las alturas.
Rugí en mi mente, meneándome con frenesí dos o tres veces más hasta sentir los chorros calientes cayendo... sobre mi mano…
Porque sí, en esa fantasía el semen rodaba por su vulva e incluso me encargué de dejarla bien cremosa para que ningún macho se atreviera siquiera a acercarse a ella.
Pero en la realidad, cuando abrí los ojos de nuevo y mi cerebro se despejó, descubrí que solo era un hombre patético masturbándose en la soledad de su habitación.
Bajé la mano y vi los restos que delataban mi traición.
De repente lo entendí todo y la ira enfrió la excitación que rugía hasta hace unos segundos en mis venas.
El único capaz de manipular de esa forma mi mente, de engañarme y crear un hechizo tan poderoso que sacara de mi corazón todos los deseos prohibidos que no quiero aceptar… solo puede ser él.
Incluso se atrevió a hacerse pasar por mí y conectar nuestras sensaciones para estar al mismo tiempo con Nyx…
No puede ser que se haya atrevido a tanto… a usarme y traicionarme de esta manera cuando claramente le dije que no la aceptaría.
“¡Maldit4 sea, Theo! ¡¿QUÉ HAS HECHO?!”

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...