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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 596

NYX

Pero él no quiso besarme más y solo me empujó con suavidad.

Caí de nuevo en la manta y mis tobillos fueron tomados con dominación.

Me encontré en una posición vergonzosa, con las piernas abiertas y flexionadas.

— Aidan, ¿qué vas a hacer?... Espera —me quise incorporar, pero él colocó una mano sobre mi vientre, impidiéndome resistir.

Se metió bajo mi falda y comenzó a subirla, dejando mis muslos expuestos con la correa de la daga atada en el derecho.

Su lengua acariciaba mi piel temblorosa, subiendo hasta ese sitio que palpitaba y se contraía desesperado por ser acariciado.

Vi los cabellos platinados sumergidos entre mis piernas, escalofríos recorrieron mi columna vertebral al sentirlo olfateándome mi intimidad profundamente.

—Mnnn... —empujé la punta de los pies sobre la manta cuando esa lengua pervertida dio un lengüetazo en toda mi hendidura empapada en jugos.

—Mi príncipe, aah…

Sus dedos toscos apartaron la tela de la braga a un lado, exponiendo a su mirada lobuna mi coño cachondo y solo por él.

Me vibraban las entrañas y sentía lujuria y excitación como jamás en mi vida.

El gemido se perdió en el bosque cuando Aidan abrió los labios vaginales y sacó esa lengua lobuna para devorarme.

*****

AIDAN (El verdadero Aidan, que está en su alcoba privada del castillo)

“Mmnnn, joder, qué rico sabe… shhhh… ”

Mi lengua salió para lamer a través de esa rosada y temblorosa carne.

Rodeé el clítoris y lo chupé entre mis labios, sintiendo los dulces jugos que se desbordaban de ese coñito rosado y estrecho.

Por todos los cielos, ¿qué estoy haciendo?

Sentado a oscuras, contra el respaldar de mi cama y con el pantalón de pijama atascado en los muslos, me meneo la polla con pensamientos demasiado oscuros y locos.

“Aahhh, Aidan… chúpame más ahí, sí, sí, mi amor, justo ahí…”

Los gemidos de esa boca confundían mi mente y mis sentidos.

Cada vez que me decía “amor”, “mi príncipe”… sentía que la polla se me paraba más dura.

Su magia me tenía hechizado.

Lo que empezó como un desahogo pensando en mi verdadera mate, terminó con mi mano moviéndose frenética sobre mi pene, pajeándome mientras fantaseo con esa mujer.

Su cabello negro esparcido sobre una manta en medio del bosque, ese rostro hermoso mirándome con fascinación, los senos cremosos casi afuera y con las piernas abiertas solo para mí.

Extiendo mi mano y, mientras le mamo el coño en esta retorcida fantasía, acaricio y manoseo sus delicados pechos por dentro del escote.

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