AIDAN
Por mucho que lo llamé en mi mente y lo convoqué a regresar, no obedeció.
Cada vez nuestras diferencias se hacían más evidentes.
Theo ha estado acompañándome desde que nací, a diferencia de Vlad, que me fue obsequiado por la Diosa en mi cumpleaños 18.
Era demasiado poderoso, con autonomía propia, forjado de la unión del fuego Centuria y el hielo de los Hombres de Invierno.
Siempre había seguido mi voluntad, aceptó y amó a Isabella como suya a pesar de que no éramos almas mágicas gemelas.
Pensé que eso ni siquiera existía… hasta que estuve frente a esa energía mezcla de oscuridad y luz.
Tan vibrante y hermosa… como ella.
Como la mujer que me hace sentir de nuevo vivo y, a la vez, el peor hombre del mundo.
Arrojé con ira las sábanas donde estaba mi deseo liberado, me subí el pantalón hasta con asco.
Asco de mí mismo, de mis pensamientos, de los deseos que ya no podía controlar…
Caminé descalzo hacia el balcón, saliendo a la fría noche, hundiendo las garras en la piedra del barandal, mirando a la enorme luna sobre mi cabeza.
“¡¿Por qué me has castigado de esta manera?!” le reclamé por primera vez a la Diosa.
“¡Es debido al poder que me diste!”, saqué los caninos con ira e impotencia.
“¡Debiste castigarme a mí, yo fui quien la llevó a ese maldito continente! ¡TOMA MI VIDA ENTONCES!”
Rugí en mi mente, sacando tantas cosas de mi pecho que he guardado estos años, donde me alejé de mis seres queridos y mi hogar.
Construí este frío palacio con mi magia para protegerla de todo.
Solo buscando una manera de mantenerla a mi lado y ahora que se logró… ¿por qué las cosas tuvieron que resultar así?
La tormenta de nieve arreciaba y las ventiscas se movían con violencia en el aire, siguiendo los vendavales dentro de mi alma.
Caí de rodillas con la mano en el pecho y la cabeza colgando.
Apreté las garras hasta casi quererme sacar el corazón; las gotas de sangre manchaban las losas.
Theo no iba a detenerse, él la ansiaba como nunca había anhelado nada en su vida.
Era la primera vez que se rebelaba contra mí y estaba seguro de que lucharía con todas sus fuerzas.
Vlad tampoco me estaba ayudando.
No hizo nada por detener su hechizo en mi mente.
Sin contar con mis instintos animales, ni mi magia; parecía que ambos se habían puesto en mi contra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...