VICTORIA
Estaba tan enojada y confundida.
No se movió, ni dijo palabra, oculto en el otro extremo del callejón, en la oscuridad casi impenetrable.
Pero sus ojos intensos, de ese avellana que brillaba en un hermoso ámbar, lo delataban.
Y el latido firme de su corazón, que se iba acelerando como si estuviese nervioso.
Puras patrañas. No me dejaré convencer más por las señales estúpidas que creo captar de este lobo.
—Estoy harta de tu rollito de tipo duro. Vete a la m****a si no me quieres hablar…
Esa frase estaba como para que me cortara la cabeza por tratar así al dueño de estas tierras, pero me puede besar una nalga ese prepotente.
Di media vuelta dispuesta a marcharme.
—¿Por qué llorabas? —su voz ronca me preguntó de repente—. Estabas triste… ¿no dijiste que te gustaba tu amo? ¿Escapaste de él porque te maltrata? ¿Le temes?
Esas últimas preguntas salieron silbando entre dientes.
Me quedé por un segundo dándole la espalda, suspirando, solo deseando alejarme.
—La relación con mi amo no le importa, ni si estoy triste o feliz. Ese es mi problema. Déjenme en… ¡maldita sea, qué diablos!
Rugí al ser tomada por el brazo y pegada a la fría pared.
Un cuerpo enorme se inclinaba sobre mí, su mano se cerró sobre mi cuello.
—¡Me sueltas, maldito Lord prepotente! —sisée llena de hostilidad.
—Esa boquita no puede hablar sin decir palabrotas —gruñó con su rostro a centímetros del mío.
El corazón me dio un vuelco.
Mi cuerpo traicionero comenzó a despertar a pesar de mi resistencia.
—Solo le debo respeto a mi amo —levanté la barbilla desafiante.
Nuestros ojos parecían sacar chispas mirándonos de cerca, nuestras respiraciones pesadas.
Sus feromonas dominantes cerrándose a mi alrededor.
Esperé su respuesta ofensiva, hiriente, pero él siempre hacía lo opuesto a lo que imaginaba.
Su dedo pulgar de repente acarició mi mejilla, por donde habían rodado mis lágrimas.
Lo hizo tan suave, delicado.
Una caricia tan tierna que me apretó la garganta.
—Dime la verdad, ¿realmente es tu amo? ¿Te tiene amenazada ese hombre? —volvió a susurrar bajando su aura, frunciendo el ceño.
—¿Qué le importa la vida de una vampira descarada que se enreda con cualquiera? —le dije con amargura.
—Victoria, no… maldición, no quise llamarte así…
—¿Ah, no? ¿Y cómo…? Hmmm…
Mi boca fue tapada con la palma cálida de su mano.
Lo fulminé con los ojos al verme silenciada.
—Me imagino la cantidad de insultos floridos que me estarás dando… ¿me pregunto si estos labios son tan enérgicos para todo?
Su voz ronca bajó a un tono sensual.
—Te propongo algo. Solo por una hora —levantó el dedo índice de la otra mano frente a mi rostro
—. Olvidemos todo por una hora. El odio que me tienes y mis estúpidas palabras.
—Hmmm…
—Sshhh, no. No más insultos… —me acalló cuando balbuceé con más fuerza
—. Después de esa hora regresamos a nuestros papeles, a donde quieras. Pero solo por este momento, hagamos de cuenta que nunca nos hemos conocido…
Sus dedos fueron moviéndose, cosquilleando sobre la sensible pulpa.
Vi su rostro acercándose, revolviendo todo dentro de mí.
Me quedé congelada cuando me besó la punta de la nariz con una dulzura que jamás me había mostrado.
— Que no eres una vampira, ni yo un hombre lobo. Que solo soy un hombre que te desea… que desea mostrarte la ciudad… —incluso sus propios pensamientos lo traicionaban.
Su boca se arrastraba por mi frente, mis mejillas, bajando hasta depositar un húmedo beso en la comisura de mis labios.
Me sentía tan pequeña contra esa pared, con el peso de su cuerpo robusto empujándome, pegado centímetro a centímetro.
Su respiración caliente soplaba en mi boca y sus pupilas codiciosas me observaban.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...