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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 694

VICTORIA

Me cansé de resistir y de chillar.

Era obvio que nadie me salvaría y que yo misma podía hacerlo, pero mi corazón me traicionaba.

Después de llevarme a cuestas por varios minutos, se detuvo al borde de un tejado y me bajó.

Movía sus manos por mi cuerpo, estrujando mi vestido, pegándome a su cuerpo sin perder oportunidad de manosearme.

—Esto se llama secuestro, señor Lord, ¿ahora qué haces?

Ni siquiera me respondió y me hizo girarme de espaldas a él, para sentarme sobre sus piernas.

Se recostó contra la fría pared de una chimenea, entre las dos aguas del tejado, y me jaló hacia su pecho.

—Sshh… joder, buen rodillazo que me diste en las pelotas, fiera salvaje —siseó cuando mis nalgas se encajaron sobre su abultada entrepierna.

—Entonces déjame levantarme —me removí aún más sobre ese bulto que ya se endurecía.

—Mmn, te sigues restregando así y no me responsabilizo por las consecuencias.

Su gruñido excitado sopló en mi oído, estremeciéndome.

Admito que mi cuerpo traidor ardía en deseo por ceder, pero mi mente orgullosa se resistía.

—¿Qué estamos haciendo aquí?

—Mira hacia allí —de repente tomó mi barbilla con suavidad y me hizo girar la cabeza hacia la lejanía.

Estábamos en alto y la luz de la luna se filtraba por las nubes para mostrarme el hermoso paisaje.

El mar se extendía a lo lejos. No había reparado en lo cerca que estábamos del océano.

Unas figuras humanoides gigantescas hacían de bienvenida a los barcos mercantes.

Eran impresionantes, majestuosas.

Parecían un hombre y una mujer por sus ropas de piedras oscuras.

Lástima que estaban medio destruidas.

—Es hermoso —murmuré sin poderlo evitar, recostándome contra su ancho pecho.

Sus manos posesivas rodeaban mi cintura, acariciaban mi vientre.

Mis muslos sobre los suyos.

—Este puerto es la Perla de Braska.

Respondió, y agradecí que investigamos sobre este continente o estaría perdida.

Braska es como se llama este reino y, para mi completa sorpresa, había muchos continentes en este mundo que se comunicaban a través del mar.

Aquí reinaban los vampiros y hombres lobos, también pequeños grupos de brujas, pero otros reinos eran misterio.

—¿Por qué esas estatuas enormes no tienen cabeza?

Me llamaba la atención ese detalle.

Medían casi 30 metros de altura.

Debió costar sangre y sudor construirlas.

—Porque se merecían quedarse sin ellas —gruñó, luego de una pausa.

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