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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 751

NARRADORA

Victoria torció la boca al darle la información a su padre.

Por culpa de la guerra interna de este maldito continente, no habían podido consumar su marca.

Los otros hombres lobo buscaban una alianza con Dracomir porque necesitaban información y temían el poder de Frederick.

Ya no obligaban a Draco a casarse con la hija del otro Lord, pero tampoco aceptaban a una vampira de Luna de la manada.

Dracomir no podía luchar contra los vampiros y los lobos a la vez como enemigos, ni siquiera con el ejército de Victoria.

Hasta los no muertos tenían fecha de vencimiento si recibían demasiados ataques.

Además, Frederick estaba por aparecer con alguno de sus trucos; no podían perder tiempo, necesitaban más aliados.

Al final, seguían sin poder hacer oficial el nombramiento de Victoria, solo por estrategia.

—¿Ese tipo traicionero se fue con los vampiros?… No entiendo… —Zarek alzó una ceja interrogante.

—Frederick sabe que el Lord Lobo del otro feudo es muy desconfiado; averiguaría lo que hizo aquí y tendría miedo de que Frederick pudiese quitarle el poder —Dracomir le dijo sus conclusiones.

—Es más fácil tentar a los vampiros, que además están desesperados al ver que sus aliados cayeron en desgracia —agregó.

—Y tú, por lo que veo, te echabas la siesta al lado de tu enemigo y solo pudiste roncar a piernas sueltas.

—Papá… —Victoria lo llamó suplicante.

Dracomir no le respondió, aunque tenía ganas de decirle que no dormía con el enemigo sino con su hija.

Y que, en vez de roncar, estaba ocupado haciéndole un nieto, pero decidió guardar el hacha solo por Victoria y su encantadora madre.

—Zarek, ya basta…

La voz fría de Celine y los ojos afilados, calmaron la hostilidad del príncipe.

Todavía le daba vueltas en la cabeza esa escena en la que encontró a su retoño.

—Sea como sea, debemos hallar ese cristal porque es muy peligroso y además le pertenece al mate de Lyra…

—¡Me he perdido de todos los chismes! Cuéntame todo, todo… —Victoria se animó de golpe con las palabras de Celine.

Había extrañado tanto a su familia, a los chicos; ansiaba verlos.

—Ya están llegando y nos pondremos de acuerdo para ayudarlos, pero hija, hay algo que debemos decirte.

No hay nada que sea más cálido y seguro que el refugio de mamá.

Celine tragó el nudo en la garganta, acariciando su cabello.

Le dio las gracias a esa Diosa en la que a veces había perdido la fe, pero que ahora le regresaba a su hija a salvo.

La Diosa, en realidad, no había hecho mucho, si es que Victoria no necesitaba demasiada asistencia divina para hacer de las suyas.

Zarek las abrazó a las dos, hundiendo el rostro en el cuello de su Celine, aspirando el aroma que era su hogar.

No le pasó por la mente, ni por un segundo, agradecerle a nadie más que a sus temerarios y eficientes espermatozoides, que engendraron a dos bellas princesas.

Porque sí, la próxima heredera sería otra hembra y esta vez, se aseguraría de cuidarla más de garras pervertidas.

—Ven, Dracomir, ya eres parte de nuestra familia —Celine alzó la mirada para verlo parado detrás de Victoria.

Se notaba un poco incómodo, quizá sintiéndose fuera de lugar.

Pero debía saber que cuando se comprometía con un miembro de esta familia de locos invencibles, lo hacía con todos.

Y ese compromiso firmado con sangre… era para siempre.

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