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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 763

NARRADORA

Frederick caminó ajeno al peligro, por el sendero custodiado por árboles retorcidos y feos.

Este era su mundo interior, una especie de bosque encantado y macabro, como él.

Al final del camino lo esperaba una mesa, una silla, algunos documentos y, lo más importante, otra caja que guardaba su preciada reliquia.

Pero nada más hizo abrir la tapa y estirar los dedos cuando un aroma diferente lo alertó.

Pasos se frenaron cerca; alguien estaba a su espalda.

¡¿Cómo fue que no pudo detectarlo antes?!

Sin perder ni un segundo, tomó ese horrible rostro que abrió los ojos llenos de agonía y se lo colocó en la cara.

Se giró de golpe, sintiendo el dolor recorrerlo cuando succionaban su sangre.

Era horrible, todas las sensaciones que experimentaba, pero si alguien logró descubrirlo tan rápido, entonces, era poderosa.

—¡¿Quién eres y cómo entraste a donde no te han invitado?! —la voz de Frederick intentó sonar poderosa, aunque era una mezcla de tonos femeninos.

Observo medio en pánico a la hermosa mujer de cabello corto negro y ojos verdes asqueados.

—Lavinia, ya me estaba enojando porque me invocaste para algo tan sencillo, pero admito que cambié de opinión — habló a la nada y dio varios pasos adelante.

Frederick retrocedió con cautela.

Esa mujer no era normal, lo sentía y, además, ni se asustó un poquito con el poder de esta cosa, ¡más bien parecía cabreada!

—¡¿Cómo te atreves, un gusano como tú, a encadenar el alma de tantas brujas?!

Rugió y se abalanzó sobre él al punto que solo vio un borrón flotar en el aire.

Cuando quiso abrir su boca para conjurar, unas garras se metieron entre sus labios y comenzaron a tirar de su lengua para sacársela.

¡De su lengua real, traspasando la máscara!

La otra mano lo sostuvo del cuello, clavándole las afiladas uñas y comenzó a alzarlo, cortándole la respiración.

El sudor frío explotó en todo el cuerpo tembloroso de Frederick al ver directo a los ojos verdes fantasmales de esa mujer.

Poder, aplastante poder que no podía imitar.

Jadeando por oxígeno, con los pies ya colgándole e intentando conservar su lengua y su cabeza, hizo algo extremo que nunca pensó ejecutar.

“¡Les daré la libertad si me salvan, lo juro esta vez con mi alma en juego!” Gritó a los espíritus de esas hechiceras que se volvieron como locas.

Las cadenas del destino rodearon el alma negra de Frederick; él había jurado por voluntad propia y no podía echarse ya para atrás.

Decidieron ayudarlo por última vez, porque era mejor un mal conocido… que una buena por conocer, y él ya no podía engañarlas.

280. ILUSIONES Y REMORDIMIENTOS 1

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