NARRADORA
Al fin, cada uno partió por su lado, separándose a las afueras de la fortaleza y haciendo hasta apuestas de quién terminaba primero.
Media hora después, el otro campamento de los hombres lobos despertaba.
El hombre a cargo recibió la noticia de que el Lord Dracomir, en persona, quería darle su respuesta.
Salió de su carpa con calma, sin apuro; se sentía en ventaja y no le importaba hacer esperar al orgulloso de Dracomir.
Mira que despreciar a la futura heredera por esa piojosa vampira.
Caminó hasta su caballo y lo arreó con una pequeña escolta.
— ¡Recojan el campamento, nos vamos en cuanto regrese! —le ordenó a uno de sus hombres mientras galopaban saliendo a través del bosque hacia la llanura.
Le asombró ver a lo lejos a Dracomir con solo un hombre a su lado.
A medida que se acercaba y le daban las ráfagas de brisa, más se fruncían las cejas del general lobo.
A varios metros se detuvo con su escolta de cuatro hombres.
—¡¿Cómo te atreves a venir a mi encuentro con un asqueroso vampiro?! —rugió encolerizado; esto se sentía como una burla a su feudo.
—¡Has traicionado a tu raza y tu respuesta me queda más que clara!
—No, no te ha quedado claro —Dracomir le respondió con voz profunda, haciendo corcovear el caballo y el hombre se tensó.
Recordó que este era el único hombre capaz de transformarse en esa bestia salvaje.
Pero ¿y qué? Ellos eran más…
—¿Me vienes a entregar a los vampiros de tu feudo? —le preguntó confundido.
Pero las intenciones asesinas de ese vampiro pelinegro lo hicieron estar alerta.
Los caballos relinchaban nerviosos.
—¡Vengo a quedarme con su ejército, con su feudo y su fortaleza, para compartirla con MI MUJER, Victoria Vlad, mi mate vampira, que no cambiaré por su estúpida Dama remilgada!
—¡¿Cómo te…?! Ggpp —ni siquiera tuvo tiempo de rugir cuando su cuello fue cortado profundamente y resbaló la cabeza, separándose del tronco.
Hasta Dracomir tuvo que contener su asombro; su suegro apenas había movido las garras en el aire.
—Menos charla y más acción —la voz de Zarek susurró como una serpiente venenosa.
—¡Esto lo pagarás bien caro, Dracomir, vámonos, vámonos! —los otros guerreros tomaron las riendas del caballo y comenzaron a tirar de su general caído.
¡Uno de sus mejores hombres muerto así, sin más!
Sin embargo, no le dieron tiempo a ejecutar su plan, ¿quiénes lo atacaban repentinamente?
¡No podía ser Dracomir tan rápido! Ese maldito…
Se escabulló en medio de la algarabía hacia su sencilla habitación.
Cerró la puerta y miró las pocas pertenencias en la estancia, nada fuera de lo común.
Sabía que revisaban sus cosas buscando quitarle su poder.
—Pft, estúpidos chupasangres, se piensan que voy a dejar mi mayor arma al descubierto —masculló, parándose en medio de la habitación y cerrando los ojos.
A diferencia del antiguo Lord vampiro de su feudo, él sí se había puesto muchas veces esa máscara maldita.
Ellas le succionaban su sangre para activar los hechizos, pero él también había aprendido y se había empapado de sus magias.
Recitando el conjuro y pintando las runas con un dedo ensangrentado, se fue desapareciendo en el aire que se llenó de niebla.
El mismo truco que había hecho para escapar de Dracomir y su zorra. Él había logrado desarrollar un mundo interior donde esconderse.
La grieta se abrió y Frederick estaba a punto de desaparecer, pero esta vez, sus cazadores eran diferentes.
Una mano negra llena de garras apareció de la nada sosteniendo la “entrada” y dos figuras humanoides, como sombras difusas, se colaron detrás de ese lobo traidor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...