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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 764

NARRADORA

Frederick debería estar eufórico, ¡estaba a punto de acabar con la amenaza!

Su mano temblaba aferrado al puñal que alzaba en el aire, esa mujer se había puesto a llorar como una estúpida y no reaccionaba.

Todo podría ser perfecto… sin embargo, estaba asustado como nunca en su vida.

Porque la máscara en su rostro gritaba de puro terror, porque sentía que este hechizo de ilusión no tenía nada que ver con la invocación de sus brujas.

Y lo peor de todo, por la sombra de un hombre parado detrás de esa mujer.

Solo se vislumbraban unos ojos dorados que brillaban en medio de tanta oscuridad.

Podían ser hasta fascinantes, pero a él le parecían una abominación, una bestia esperando a arrancarle la cabeza.

Comprendió que nada de esto venía de su máscara maldita, que el poder de tantas hechiceras no era nada frente al verdadero titiritero.

Su brazo, que daba la sensación de pesar toneladas, iba bajando lentamente, manejado por los pensamientos de ese hombre.

Las voces femeninas en sus oídos chillaban como almas atormentadas, si pudiesen escapar lo hubiesen hecho en el acto.

Algo turbio, caliente y con olor penetrante, bajó por la entrepierna de Frederick, rodando por sus muslos tambaleantes, a punto de colapsar.

Estaba perdido, absolutamente perdido, desde el principio, jamás tuvo el control de esta ilusión.

Los ojos dorados bajaron y se fijaron intensamente en la espalda encorvada de ese espectro lleno de lamentos y remordimientos.

«¿Qué iba a hacer Lavinia para controlar de manera definitiva a Electra?»

*****

Hace mucho que Lavinia había olvidado esa sensación de completa desesperación.

Le recordó a aquella noche donde sintió que la vida de su madre y el padre Duque se desvanecerían en la nada.

Gritaba dentro de la prisión de su propio cuerpo, pero Electra era muy poderosa y su magia oscura espectral se salía de control como oleadas erráticas.

No podía domarla y recordó las advertencias de Sigrid, los miedos de Katherine… no debía jugar con algo que no podía controlar o terminaría siendo la marioneta.

«Tú sí puedes, yo confío en ti, Lavi».

Recuerdos de Laziel invadieron su mente en caos.

Él sí confiaba en ella, en su propio poder, y no dejaría que sus inseguridades ganaran.

Si Electra no se sometía por voluntad propia, entonces acabaría con ella, ¡pero este cuerpo le pertenecía!

“¡DESPIERTA DE UNA MALDIT4 VEZ, BRUJA TONTA!, ¡ESA NO ES TU ALMA GEMELA, TE ENGAÑAN ELECTRA!”

Rugía y golpeaba, arañaba y mordía, pero la tormenta de lágrimas no cesaba.

La Diosa tenía sus propios y retorcidos castigos y los de Electra, eran demoledores.

Pero quizás, si lograba vencerlos… obtendría al fin su recompensa.

Una brea oscura comenzó a salir y burbujear sobre las costuras malditas que unían las voluntades de esas pobres mujeres.

La boca de Lavinia se movía en conjuros tenebrosos que hacían estremecer esta realidad.

No provenían de ella, sino de los conocimientos de Electra, que era una hechicera de los primeros tiempos, ancestral y sabia.

Una luz comenzó a aparecer bajo cada costura que se soltaba, como telas de araña en un cristal que se iba fragmentando.

Los gritos de agonía se convirtieron en risas. Risas locas, maniáticas, pero de liberación.

Luces de varios colores explotaron cuando las cadenas dejaron libres a las almas condenadas.

Siluetas de mujeres que florecieron en el aire gritando a los cielos. De todas las edades y formas.

¿Cuál fue la primera en ser capturada y quién creó ese macabro hechizo…? Ya no recordaban. Solo que se había terminado el calvario.

La reliquia se hizo polvo en la mano de Lavinia rodeada por magia negra.

Los espíritus se movieron como bolas de energías, envolviendo Frederick en un remolino lleno de estruendos y maldiciones.

En medio de los rugidos del lobo salieron desprendidas a través de las puertas abiertas.

«Gracias hermana, gracias» Lloraban en la brisa, agradecidas con Lavinia.

Surcaron la noche de esta falsa realidad que se desmoronaba en pedazos, como el hombre que las retenía.

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