ABIGAIL
—¡Malditos rebeldes! —hice por abalanzarme sobre el más cercano de los diez que aparecieron, pero algo me detuvo de golpe.
—¡Aaggr! —rugí al caer de espaldas, como si mi nariz hubiese impactado contra un escudo invisible.
Me habían atrapado y, lo peor, el hechizo que activaron me estaba afectando seriamente.
Las llamas en mi interior se rebelaban con más fuerzas que nunca; algo las obligaba a salir de mi cuerpo… algo que las codiciaba.
Del suelo surgió una bruma negra y tomó la forma de sombras de flores…
Conocía esa maldición llamada Flores Devoradoras de Llamas.
Esto pinta muy mal.
—¡Cobardes, usando un hechizo tan rastrero para absorber mi poder! —grité, intentando en vano resistir, pero el ardor en mi piel se volvía insoportable.
—A esto nos han obligado; jamás seremos controlados por unas bestias descerebradas.
Levanté la cabeza para ver a una mujer más allá de la bruma, debía ser la jefecita.
Quise responderle, pero un rugido fue lo que salió de mi boca y caí de rodillas, abrazándome a mí misma.
“¡Abigail, tienes que controlarte, resiste, no tengo la fuerza para contenerla!”
Bryda despertó de golpe ante el peligro, pero yo ardía en llamas.
Era imposible controlarme mientras ese conjuro prohibido de flores succionaba mi magia como sanguijuela.
Y ni siquiera era el original, sino una mala copia.
Vincent, el Beta del Rey Alfa Cedrick, era quien había logrado domar a la verdadera flor devoradora, pero igual, con lo inestable que me encontraba, la trampa estaba surtiendo efecto.
—¡Aaahh! —grité, sintiendo que solo veía en rojo.
Mi cuerpo entero cayó en cuatro patas, explotando en una supernova de magia destructiva.
Perdía la conexión con Bryda, con todo; solo pensaba en matar, en arrasar, en consumir.
Esos hechiceros jugaron con fuego y terminaron quemándose.
Pronto escuché los gritos; el olor a sangre y carne quemada arrasó con el bosque… "Ella" tomaba el control de mi cuerpo y yo… lentamente también me consumía en el fuego.
“Abigail…” mi loba Bryda me llamó como a lo lejos, pero estaba rodeada de desesperación.
Sentada con las manos en los oídos y gritando de dolor… tanto dolor y lágrimas.
Terminaría como muchas Centurias, destruida por mi propia magia inestable.
“Lo lamento, papá, mamá… Hannah…” Antes de perder sus nombres los susurré en mi alma, que se hacía pedazos.
De repente la imagen de él apareció entre la bruma de lágrimas… Fenrir…
Jamás tuve una oportunidad real. De verdad, me gustaba tanto ese macho…
Tanto lo llamé en mis últimos segundos, que creí escuchar su voz, o, al menos, una voz parecida a la de él, pero más… bestial.
“¡NO TE ATREVAS A MORIRTE, ABIGAIL!”
El rugido atravesó la nebulosa y subí la mirada para ver a un hermoso lobo de pelaje rojizo atravesar la cortina de fuego.
Era su espíritu animal, lo supe al instante de verlo; venía corriendo hacia mí, mirándome con esos ojos de rubíes indomables.
¿Cómo podía estar en mi consciencia?
De repente sentí el gruñido a mi espalda, el peligro…
“¡Márchate, no debes estar aquí, te puede hacer daño!” le grité, intentando alejarlo, pero él no se detuvo.
Fue muy tarde. Una sombra ardiente saltó sobre mí y corrió hacia el intruso.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...