ABIGAIL
Estábamos sentados sobre un agujero oscuro, lleno de cenizas y cuerpos carbonizados a mi alrededor.
Había acabado con la amenaza rebelde, eso era seguro.
Los árboles en el bosque aún humeaban y crepitaban, quemándose; el olor era denso y el humo hacía escocer los ojos.
Lo peor era cómo había dejado el cuerpo de Fenrir.
Las quemaduras severas apenas se iban curando en su piel; debía dolerle tanto, a pesar de su regeneración.
—Tú… ¿tú me sostuviste durante la crisis? —mi voz se quebró al comprender la verdad—. Fenrir, podías haber muerto…
—Entonces moriría contigo, Abigail, porque jamás me había sentido tan desesperado como cuando sentí que te perdía —su voz salió ronca y contenida, entre dientes.
No sabía si estaba furioso, preocupado, desesperado o una mezcla de todo.
—¿Sabes el peligro al que te expusiste? ¡Si no te hubiese encontrado, estarías muerta! —me rugió, y pude ver la desesperación en sus pupilas, que eran una mezcla de rojo y azul.
— No sabía que me acercaba al campamento rebelde —bajé la cabeza, pero mis ojos dieron directo a la quemadura en su pecho, horrible, en carne viva.
—Sé que eres buena persona a pesar de todo, pero no debiste saltar al fuego así por una desconocida…
Comencé a buscar algún retazo de ropa, pero ambos estábamos desnudos y, de nuevo, la vergüenza me asaltó.
Quise alejarme, pero sus manos atenazaron mis brazos y me hizo enfrentarlo.
Su expresión destellaba peligro.
—¿Crees que saltaría al fuego por cualquiera? ¡Lo hice porque eres mía, mi compañera!, y sé que estuve mal, pero mi vida… yo…
Apretó tanto los dientes que vi las venas saltar en su mandíbula.
—Abigail, yo te quiero a ti, ¿entiendes? Solo a ti, y pienso luchar por nuestro vínculo —me aseguró, y sus pulgares acariciaban mi piel sensible.
—Pero me dijiste que no deseabas compromiso…
—Eso fue antes de conocerte, antes de tocarte, antes de olerte y sentirte… Mi hembra, tu alma que me llama a gritos.
Se inclinó hacia delante y suspiró cerca de mi boca.
—Tu loba no deja entrar a Gale; sé que está consciente, sé muy bien que nos siente, pero tiene miedo, como tú…
—No es miedo —murmuré. El nudo de dolor en mi pecho volvía a ser insoportable.
—Es… lealtad. Mi loba y yo somos leales a Hannah. Si me compartieras con tu hermano, ¿cómo te sentirías?
Cuando le hice esa pregunta llegó el silencio.
El hechizo de la verdad ya era historia, como lo sería nuestro lazo fallido.
Fenrir me apretó tanto los brazos que sentí la marca de sus dedos; era un gesto lleno de frustración.
Sus ojos bajos se movían erráticos, buscando qué responder.
—Iremos con tu hermana ahora mismo; vamos a aclarar todo esto de una vez.
Cuando subió de nuevo la mirada, estaba lleno de determinación.
—No importa cómo resulten las cosas: yo, el príncipe lycan de Nocturne, te elijo como mi compañera.
—Eso no es una decisión que puedas tomar tú solo —intenté separarme, pero él sostuvo mi barbilla de manera dominante.
Me acercó a sus labios y sus pupilas se estrecharon, lobunas, hechizantes…
—Sí puedo, y lo haré. Desearte y amarte: eso es algo que nadie podrá quitarme.
Sus labios se pegaron a los míos y me movieron con rudeza, con anhelo, pero no abrí mi boca para él, no esta vez.
Saboreé la amargura, la sal de mis lágrimas, y me resistí a ceder al llamado de su lobo.
Harapientos, hechos un desastre, pero al menos él se iba sanando.
Andábamos en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos, aunque Fenrir me había tomado de la mano y se negaba a soltarme.
Mi loba de fuego buscaba constantemente su magia dominante, y Bryda miraba con anhelo a su Alfa.
Llegamos al punto cercano donde me había separado de Hannah cuando una presencia capturó mi atención.
Fenrir también se detuvo en seco y pronto el sonido de pisadas resonó cerca.
Los arbustos se apartaron de golpe y apareció una copia casi exacta de mi mate, pero con el ceño más pronunciado.
—Ya iba en tu búsqueda… —habló con voz retumbante y me dio una mirada curiosa.
Repentinamente, alguien salió de su espalda y mis ojos se encontraron con unos grises iguales a los míos.
—¡Abigail!
—¡Hannah!
Ambas gritamos a la vez y corrimos hacia el centro a abrazarnos como si no nos hubiésemos visto en una eternidad.
Cuando pasé mis brazos alrededor de su cintura, mi nariz se pegó a su cuello y capté su aroma mezclado con otro, posesivo y muy peligroso.
Mis ojos se estrecharon sobre la huella de dientes que sobresalía del vestido y se imprimían en su nuca.
Hannah había sido marcada por el macho que la acompañaba.
Mis ojos se abrieron contemplándolo, parado a su espalda, y supe enseguida de quién se trataba.
¡El hermano gemelo de Fenrir marcó a Hannah!
Pero se suponía que ella… ella…
¡¿Qué rayos estaba sucediendo aquí?!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...