NARRADORA
La mujer de invierno se estremeció de pies a cabeza ante la expectativa.
Era una tontería que se negara el placer de estar con su mate, si ya estaba hasta marcada.
Más cuando ella también lo deseaba demasiado.
Pero entonces sus ojos se movieron hacia la figura solitaria de su gemela.
Recogía algunas tablas unos metros más allá.
Aunque dijo que solo lo hacía para castigarlo, ella sabía que Abigail no la estaba pasando bien.
Lo hacía por su hermana, para no restregarle su felicidad en la cara mientras Abigail aún no había resuelto sus asuntos amorosos.
Y hablando del culpable, Hannah lo vio acercarse sutilmente a la pelirroja.
Tanto terreno por cubrir, pero él fue a recoger los maderos justo a su lado.
—Ellos lo van a solucionar, mi amor —la caricia de una mano fuerte se cerró en la cintura de la mujer de invierno.
—. Fenrir puede parecer un loco medio tonto, pero no te imaginas lo que puede sorprender. Él es más habilidoso e inteligente de lo que crees. Se ganará de nuevo el corazón de Abigail.
Magnus le aseguró y Hannah esperaba que de verdad ese asunto terminara bien.
*****
Por su parte, el ceño de Abigail se fruncía más y más.
Cada vez que recordaba las miradas lascivas de esas mujeres sobre el perfecto trasero de su hombre casi quería correr a destrozarlas.
Hannah se sentía más segura porque estaba marcada, pero ella…
Ella solita lo había dejado disponible en el mercado de la carne.
Estaba tan entretenida en su maraña de emociones que no sintió el clavo afilado hasta que le cortó la yema del dedo.
—¡Shh! —Abigail siseó de dolor, incorporándose.
Sin embargo, antes de llevarse el dedo a la boca, una mano cálida tomó la suya.
Sin pensarlo dos veces, Fenrir vio el punto de sangre y lo llevó a su boca.
La lengua se enroscó lamiendo la herida y curándola.
Las piernas de Abigail temblaron ante la descarada provocación.
—No… no era necesario… —luchó por recuperar su mano, pero Fenrir se aferró a ella.
Su sombra enorme se cernía sobre Abigail, dominándola con su presencia.
—Veremos si no se te pasa rápido el capricho de la novedad —Abigail recogió su mano para evitar que él sintiera los temblores de su cuerpo y se dio la vuelta.
Pero Fenrir lo vio… la vacilación en ella. Estaba cediendo, sabía que solo lo quería probar, escarmentarlo.
Él podía oler el deseo en Abigail, la llamada de su alma.
Si había algo en que nadie podía ganarle era en ser una lapa que se pegaba y no soltaba.
Aldric tendría razón, al fin su hembra sería solo para él.
Porque ahora sus dos hijos andaban como moscones detrás de sus postres favoritos de nieve y fuego.
*****
Otro que no perdió tiempo en cuanto regresó y tuvo la agradable sorpresa de encontrarse a su hembra, fue el príncipe Aidan.
En medio de la algarabía de los mayores, tomó la mano de Nyx y la secuestró en silencio.
Tenía su cabaña privada en el pantano, siempre había sido su pequeño rincón cada vez que visitaba a su tía Anastasia y ahora se convirtió en su nidito de amor.
Llenó la tina de agua humeante y, luego de darse un buen chapuzón en el río, se sumergió con su pequeña hembra sentada sobre su cuerpo.
Tener a Nyx desnuda sobre él, era la pura gloria.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...