NARRADORA
Aldric presentía que su mujer lo dejaría durmiendo hoy en el sofá después de tirar de cabeza a sus hijos.
—No me digas que son tus hermosas gemelas —el Rey Lycan no se atrevió ni a ver a los ojos acusadores de su hembra.
—Vaya suerte que tuvieron mis dos guerreros valientes.
Se acercó y les palmeó el hombro tan fuerte a los gemelos que tuvieron que apretar los dientes y morderse la lengua.
“Prepárense cuando estemos a solas.”
Las palabras de su padre no presagiaban nada bueno, pero en realidad tampoco daba tanto miedo como su madre enojada.
—Así que guerreros valientes, ¿no eran unas calamidades de las que querías librarte? —la ceja de Hakon se alzó un poco más.
—Hombre, ¿cómo crees? Estos son mis cachorros y te aseguro que les enseñé bien. Cuidarán a tus pequeñas hasta la muerte —Aldric comenzó a echarle perlas a los cerdos.
Todo con tal de librarse de estos dos bebezotes aún pegados a su Selenia.
—Pues si no llega a ser por la reina Valeria, creo que ahora mismo te los devolvía en papel de regalo y con una patada en el trasero, de regreso a tu reino.
—Bueno, tampoco así, que mis muchachos son muy buenos —Valeria ya se olvidó del enojo y fue a defenderlos.
Tomó a sus hijos del brazo y los cubrió con una bruma negra que les creaba ropa oscura de la nada.
“Mamá… podías haber hecho esto desde el inicio.”
Valeria bufó sin responderle y viendo cómo solucionaban este asunto.
Magnus rechinó los dientes dándole una mirada de soslayo a su mate.
Se sentía tan avergonzado, pero más por haber cedido a su instinto de violencia y destrozar varios árboles y casas.
Hannah le estaba echando unas miradas asesinas a varias lobas curiosas que enseguida desviaron los ojos del cuerpazo de su hombre.
Una sonrisa satisfecha apareció en los labios de Magnus.
“¿Y todavía tienes ganas de sonreír, cabrón?”
Aldric casi le da un sopapo a Magnus, que disimuló enseguida su intercambio con Hannah.
“Papá, fue… un accidente.”
“Accidente fue esa noche de locura que tuve con su madre y nueve meses después nacieron ustedes” rugió bajo, pasándole la mano por la cintura a Valeria y pegándola a su lado.
“Venía directo a tener una cita con ella y lo echaron todo a perder… ¿Y a Fenrir qué mosca le ha picado?”
Aldric también notó la cara de seriedad inusual de su otro hijo y las miradas que le daba a la pelirroja detrás de la Beta Centuria.
Las cosas no parecían sencillas y, por mucho que los fastidiara, en el fondo Aldric amaba también a sus lobos traviesos.
Deseaba verlos felices.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...