NARRADORA
La Sacerdotisa probó a Fenrir en la cueva y él no la decepcionó.
— Es un buen macho, solo espero que esa tonta Centuria remilgada no se haga más de rogar — Dalila achicó los ojos hacia Abigaíl, que de repente tuvo escalofríos.
Pero la mente y el corazón de la joven Centuria estaban puestos en el hombre que ahora se enfrentaba a la última prueba.
Abigaíl deseaba saber si realmente Fenrir había cambiado su decisión de ser libre y quedarse con ella… para siempre.
Frente a una pequeña mesa llena de frasquitos, Hakon miró a Fenrir y a Dago, con cara de pocos amigos.
—La mayoría son venenos y cosas tóxicas; si tuviesen que encontrar un antídoto para salvar a su mujer… ¿Cuál les dice su instinto de lobo que es el correcto? —preguntó, mirando fijamente a su futuro yerno.
—Lo tomarán ustedes primero y, si es veneno, pues, dependiendo de las toxinas, puede que con suerte la palmen…
“Ya quisieras”, Fenrir masculló en su interior.
—No debes tener problema en esto, ya que eres experto en pociones mágicas, ¿no, príncipe lycan?…
El Alfa del pantano se burló de él, alzando una ceja desafiante.
El príncipe no le respondió, a pesar de su lengua afilada. Era su suegro y lo necesitaba para ganarse a su amada.
Sus ojos de lycan escanearon los más de cincuenta frasquitos de porcelana apilados, de todos los colores y desprendiendo olores, cada uno más desagradable que el otro.
El tal Dago hizo lo mismo y pronto llegó el otro chico.
El tiempo se acababa y se notaba que la mayoría eran peligrosos, pero, en medio de tanta inmundicia, un aroma poderoso y vibrante llegó hasta él.
“¡Es la magia de mamá, ella saboteó alguno para ayudarnos!”, su lobo aulló feliz, clavando la mirada hacia uno en particular, de color amarillo.
Fenrir extendió la mano con rapidez y, en ese mismo momento, lo hizo también el tal Dago… Justo a su mismo maldito frasco.
Pero Fenrir le manoteó los dedos con ímpetu y se aferró a su hechizo salvador.
—Si te atreves de nuevo a joderme, te arranco los dedos —lo amenazó entre dientes.
Él se inmiscuyó en sus asuntos para salvarlos y ellos luego lo dejaron atrás.
El guerrero encogió un poco el cuello y tomó otra poción, que llevó con rapidez a sus labios.
El otro tipo también fue a agarrar la suya.
Fenrir destapó el corcho y bebió de su amargo conjuro.
Cuando el líquido astringente pasó por su garganta, le supo un poco conocido y ver los ojos burlones de su suegro no lo ayudó mucho.
“Gale… ¿qué…? Aaggr”.
Antes de preguntarle a su parte animal, se dobló, llevándose la mano al estómago del dolor punzante que sentía.
Fue repentino y demasiado rápido; el hechizo se propagó por sus venas, impulsado por la magia selénica que llevaba.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...