NARRADORA
—¡Por allí! —la señora lo guiaba aplicando presión de un lado u otro con el bastón.
“¡Señora, que no soy su burro de carga!” Fenrir rugía en su mente, pero no se atrevía a desafiarla, menos cuando los estaba alejando de esa criatura vengativa.
Por momentos, la montaña tembló tanto que Fenrir creyó que habría un derrumbe y quedarían atrapados.
Un enorme pelirrojo corría por la oscuridad con una viejecita aferrada a su espalda; parecía hasta irreal y un poco cómico.
Pero las cosas que le sucedían a Fenrir eran para soltar las tripas de la risa…
No sabía cuánto había corrido hasta que vio la luz de la luna al final de un túnel que lo sacó a un bosque tupido.
Jadeando por aire fresco y sudando como un cerdo huyendo del carnicero, se inclinó para quitarse el “peso” de la espalda.
Las piernas de la señora tocaron la hierba húmeda con restos de hojas caídas.
—Oye, no eres nada cuidadoso, ¡casi me quedo sin pelo en esos techos bajos! —le dijo, señalándolo con la punta del bastón y la mirada juzgadora.
Fenrir no daba crédito mientras veía todos los rayones que se había llevado para protegerla de los salientes de la roca.
“¡Tenía que haberte dejado para que te comiera el bicho, vieja mandona!”, gritó en su mente.
—Lo lamento señora, por no ser su sirviente perfecto. Iba un poco… apurado… y aún lo estoy —le respondió, intentando ubicarse.
—¡A mí no me respondas con esos modales, jovencito! —Fenrir sintió el peligro acercarse cuando el bastón silbó en el aire.
Dio un salto atrás, a punto de ser golpeado.
—Pero bueno, ¡que la he salvado! ¿Acaso no puede decir simplemente gracias? —a pesar de su respeto por los mayores, perdió los estribos.
¡Llegaría de último a este paso! ¡Alguien escogería a Abigail antes de él!
La señora se quedó mirándolo de nuevo, de arriba abajo. Se sentía juzgado por ella a cada segundo.
¿Lo conocía de algo?
—Te puedo dar las gracias de una mejor forma —le dijo al fin, bufando—: Te enseñaré un camino secreto en el pantano que te llevará a donde quieras ir.
—¡¿En serio?! —A Fenrir enseguida se le olvidó el agravio—. ¡Dígame, quiero llegar a lo que llaman la Isla de la Bruma!
—Hecho, vamos… pero me llevas de nuevo en tu espalda, que ya estoy cansada —con todo el morro, volvió a acomodarse el vestido como princesa para ser llevada por su nuevo transporte.
Fenrir iba a torcer la boca, pero, por el bien de su competencia, decidió llevarla de nuevo.
Así se vio sumergido en esos bosques calurosos, con una llama roja flotando en el aire, alumbrando el camino y espantando a los animales más pequeños.
Era magia de Centuria.
—Mi nombre es Fenrir —se presentó para matar el tiempo hablando de algo—. ¿Qué hacía usted en esa cueva?
—Me caí buscando algunas hierbas medicinales raras; luego ese depredador me descubrió e intentó comerme, pedí ayuda, pero solo un valiente vino a rescatarme.
Fenrir sacó pecho, al menos un elogio de ella… para variar.
—Mi nombre es Dalila, me alegro de haberte conocido… príncipe lycan…
—¿Me conoce? —Fenrir frunció el ceño, llegando a la orilla de esta isla y al borde de una oscura laguna.
—¿Quién no conoce al idiota que se tomó una poción de la verdad y comenzó a decir puras sandeces?
Su respuesta lo dejó sin palabras.
¡¿De verdad todos sabían de su metedura de pata?! ¿Quién fue el soplón que lo delató?
¡Seguro había sido ese salvaje de su suegro y se reían de él a su espalda!
No había reconocido su voz, ¡si no, hubiese luchado contra un ejército de Drakmor, porque tenerla de enemiga era un suicidio!
Muy tarde, él y su amigo Dago estaban marcados ya con la cruz y la raya.
Y, hablando de Dago, las pupilas de Fenrir se estrecharon sobre el macho que había llegado a la última prueba.
En un claro lleno de antorchas estaba Hakon y sobre una plataforma rústica de madera, los premios.
Parecía que habían venido directo en una barcaza o algo así.
Fenrir miró directamente a los ojos ansiosos de su mate, que lo encontró a lo lejos.
El alma le dio un vuelco y en silencio le decía que lucharía por tener unas horas a solas con ella.
—¡Bájame y ve, ve, corre a pasar la prueba final! —de nuevo, la orden de Dalila lo hizo reaccionar.
Se detuvo solo un segundo y se agachó a bajarla con cuidado.
La hembra, de hecho, saltó al suelo con agilidad; por momentos, no parecía para nada una viejecita desvalida.
Fenrir sospechaba que le había tomado el pelo.
—Muchacho tonto… sigue tu instinto y no falles de nuevo —le apuntó con un dedo antes de dejarlo marchar.
Los ojos, fulgurando fuego de Sacerdotisa Centuria, lo vieron corriendo desenfrenado hacia donde Hakon los esperaba.
Le gustaba este chico, a pesar de las burradas que hizo con Abigail.
Le alegraba que Raven la hubiese hecho partícipe de esta encerrona.
Era la mujer más antigua del Clan Centuria, llena de poder y energía a pesar de su edad milenaria, pero hoy había sido muy divertido jugar a la anciana débil y decrépita.
Dalila se lo estaba pasando de lo lindo y ahora… venía lo mejor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...