Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 822

FENRIR

Podía ser lento para muchas cosas, pero no para la seducción femenina y menos para los intentos torpes y tiernos de mi mate por atraerme.

Si no tenía que hacer mucho la condenada.

Jamás pensé que ver un poco más allá de las pantorrillas de una mujer, me pararía la verga tan tiesa.

Así que me cansé de fingir ser el caballero que no era.

Cuando Abigail se giró con el pretexto de que le ayudara con soltar un poco las cintas en la parte posterior de su corsé… fui directo a desnudarla de verdad.

Mis dedos se metieron entre la suave tela, mientras me inclinaba detrás de su espalda.

El cabello rojo fuego descansaba a un lado, sobre su delicado hombro.

Todo en mi hembra era tan delicioso y el olor que desprendía me tenía desquiciado.

Bajé la cabeza y aspiré el aroma de su nuca. Mi lengua salió para lamer la frágil columna.

Los dientes de mi lobo picaban por hundirse en esta carne tan tierna.

Gruñí bajo, escuchando el jadeo salir de su boca.

Mis manos tiraron un poco más de los enredados nudos para poderle quitar el vestido.

Besé a lo largo de su espalda y recogí las gotas de sudor que se iban acumulando en su sedosa piel.

—Sshh, nena… estoy muriendo por montarte… — confesé como un pervertido apretando su cintura mientras la pegaba dominante a mi pecho.

—Mnn, mi hembra, no te imaginas cuánto deseo desvirgar ese coñito apretado y mostrarte el placer de una polla jodiéndote bien rico… ggrr…

Las palabras salían sin control, impulsadas por todos los pensamientos sucios que pasaban por mi mente.

Agarré su cabello en mi puño y la hice exponer su cuello a mí mientras la devoraba a besos y lamidas ardientes.

Sus gemidos excitados me incitaban a continuar.

Abigail no se resistía, ni siquiera cuando mi mano ruda se coló por el borde de su escote flojo y comencé a manosearle esos senos tan deliciosos.

—Sss, joder qué suaves… mmm… mi mujer… eres mía, pelirroja sexy…

La empujé con mi cuerpo más robusto, haciéndola inclinarse hacia adelante, apoyando las manos sobre la manta.

Su espalda se arqueó contra mí y empinó las tetas para ser acariciadas con apretones sensuales.

Mis dedos se hundían en las fruncidas aureolas, recordaba su color y necesitaba saborearlas en mi boca.

La tomé de la cintura y la moví sobre la manta.

Abigail se movía a mi antojo, se dejaba hacer perversidades.

Cuando la tuve acostada sobre la manta, con el rostro sonrojado, soltando suaves jadeos entre esos labios carnosos y los pechos por fuera del escote, mi polla dio un brinco dentro de mis pantalones.

Me la toqueteé un poco, acomodándola en la bragueta. Mis pupilas estrechándose, dándole una mirada lasciva de arriba abajo.

—Esta es la última oportunidad para decir que no, mi mate —le advertí, sintiendo la voz cada vez más animal brotar de mi garganta.

De repente quise mostrarle todo y empecé a abrirme los botones del pantalón.

—Abigail, luego no me voy a detener, mujer — agregué, excitado con el deseo que destelló en esos orbes hermosos al mirar lo que sacaba de mis pantalones.

Mi polla enorme de lycan la apuntaba, babeando un hilo denso de la abertura en la cabeza enrojecida.

—Todo esto se va a comer tu coño virgen… —me incliné sobre ella, abriéndole las piernas y colándome entre ellas.

Tomé una de sus manitos y la llevé a mi pene.

Tragó en seco al verme por completo, devorándome con esos ojos seductores.

—Me alegro de que te guste todo lo que ves porque, nena… —le dije en un gruñido peligroso mientras bajaba el cierre de sus botines— esto es lo único que vas a cenarte por toda tu vida.

—¿Ya estás muy seguro? —tuvo la osadía de responderme.

Se estaba recuperando de mi ofensiva, posando ahí desnuda y hermosa, mientras su pierna se apoyaba en mi muslo y le quitaba los zapatos.

Mi mano subió apretando sus muslos y abriéndola para acceder a esa rayita húmeda.

El brillo entre los labios vaginales me hizo sacar la lengua para relamerme.

—Aquí —pasé mi dedo en medio de la ranura sintiéndola gemir— solo va a entrar Fenrir Thorne, de eso que no te quepa dudas.

Declaré y para sellar mis palabras… fui directo a devorar esa concha atrevida.

El vapor caliente enseguida me dio en el rostro.

Estaba con una Centuria caliente y cachonda, pero mi lengua era una suicida que no le importaba quemarse por una probada.

Lamí el jugo entre los labios regordetes, los mordisqueé y saboreé a fondo.

Jugué con su clítoris hasta tenerla gimiendo por más. Su sabor se hacía intenso, me llamaba a poseerla.

Mi lobo se enredaba en mi conciencia entre fuego y deseos.

—Abiga… sshhh, más… dame más jugos de tu pasión… —metí la lengua en esa estrecha ranura que se deshacía en fluidos pervertidos y chapoteos indecentes.

Las caderas de mi mujer se alzaron, apretando las nalgas que sostuve entre mis manos tensas mientras la devoraba.

Me sumergí hasta las profundidades y empujé sin miedo a través de los suaves pliegues calientes como un horno.

—¡Aahh! —el gritito de ella de repente resonó con dolor, de nuevo el sabor de unas gotas de sangre estalló en mis papilas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación