NARRADORA
Mientras ellos creían que solo cargaban con una vieja caprichosa, Dalila los llevaba justo a donde deseaba.
—Bueno, aquí la esperamos. ¿O también necesita que la aguante mientras hace pis? ¡Agr! —Fenrir tuvo que dar un paso atrás para esquivar el bastonazo.
—Muchacho atrevido… te salvas que eres una raza fuerte y saldrán mejores Centurias. Solo por eso te aguanto…
Se fue rezongando, caminando y sumergiéndose en el bosque.
—¡No se aleje mucho, abuela, que puede haber peligro! —aun así Fenrir le gritó genuinamente preocupado.
Pero no recibió respuesta y el silencio, un poco incómodo, se hizo en la orilla mientras esperaban.
A medida que pasaban los minutos, Abigail se iba poniendo ansiosa y Fenrir fruncía el ceño.
—Vamos a buscarla —tomó la mano de su Centuria y la llevó con él, siguiendo el rastro del aroma de la señora.
Fenrir estaba preocupado de que le hubiese sucedido algo, pero Abigail ya estaba segura de que esa anciana tramó algo.
Efectivamente, apartando la maleza, llegaron a un claro en medio de la isla.
Un riachuelo pasaba a un lado de lo que parecía un acogedor campamento.
Fuego prendido, mantas suaves con cojines sobre la hierba, y lo único que faltaba era la música sensual bajo las estrellas.
—¿Y esto? —Fenrir miró a todos lados con alerta.
—Ella lo hizo para nosotros —con la voz baja, Abigail confesó—. Ni la busques, que ya se marchó en su loba Centuria y está lejos.
Le dijo extendiendo sus sentidos y sintiendo que se alejaba la estela mágica de Dalila.
—¿De verdad te entregó así en bandeja de plata? —apenas dijo esas palabras, Fenrir se quiso dar un puntapié en la boca.
—No lo digas como si ya me fuese a arrojar a tus brazos…
Abigail bufó, pero solo hizo darle la espalda cuando sintió el calor de un pecho contra su espalda y unas manos rodeándola.
—Muero porque te arrojes a mis brazos… —el calor del aliento masculino hizo cosquillas en su oído.
Fenrir se inclinó por completo sobre la pequeña hembra, encorvado, abrazándola posesivamente entre sus brazos.
Sus palmas callosas acariciaron su vientre por encima de la tela del vestido, sintiendo el temblor de su mujer contra su pecho.
—No estés nerviosa, bebé, no te voy a forzar a nada que no quieras, Abigail. Solo… dejémonos llevar, hablemos, hagamos lo que desees…
Abigail escuchó las suaves palabras, pero ¿cómo resistirse a la tentación de ese cuerpo fuerte contra ella, besándole el cuello deliciosamente?
El olor intenso y masculino la estaba emborrachando de deseo y cada vez podía ocultarlo menos.
Su loba de fuego se desesperaba buscando la magia selenia y su espíritu animal moría de anhelo por Gale.
—Ve… a cazar algo para hacerte la cena, no has comido nada —logró murmurar conteniendo un jadeo.
La idea enseguida entusiasmó a Fenrir, que amaba ser consentido por su mate.
—No estoy lejos, cualquier cosa me llamas.
Abigail se giró y le iba a decir que sabía defenderse, pero la parte de atrás de su cabeza fue sostenida y su rostro inclinado hacia delante.
Unos labios finos impactaron contra los suyos en un beso que pretendía ser tierno, pero se iba tornando peligroso y caliente.
El lycan moría por violarle la boca con su lengua y luego saborearle todo el cuerpo desnudo, sobre las mantas.
—Joder, mejor me marcho o voy a cometer una locura… —Fenrir masculló, gruñendo y casi corriendo hacia el bosque.
Abigail notó el bulto en sus pantalones y se preguntó si iría a hacer algo más que solo cazar.
La idea de él toqueteándose el miembro y meneándose contra un árbol la perturbaba y excitaba a partes iguales.
Ocupó su mente organizando y revisando las cosas que había dejado Dalila dentro de una cesta.
—Oh, por la Diosa… —jadeó mirando el pequeño frasquito de aceite perfumado y lubricante—. ¡Eres una vieja pervertida!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...