NARRADORA
UN MES DESPUÉS…
El viento frío de la noche azotaba el cabello oscuro de Theron.
Sus ojos, fríos y afilados como los de su padre Elliot, el actual Regente del Reino Elemental, miraban las montañas a lo lejos.
Los antiguos Duques de Everhart ahora eran los que controlaban cada pedazo de tierra en este reino que alguna vez estuvo oculto y protegido por la oscuridad.
El resonar de los cascos del caballo sobre la hierba del bosque golpeaba en sus oídos.
El animal galopaba vigoroso bajo la luz de la luna, llevándolo a explorar los terrenos extensos alrededor de su ducado.
Pura libertad era lo que sentía el espíritu de Theron, pero siempre controlando con mano férrea las riendas, como mismo hacía con su destino.
Como un lycan, nacido de una bestia y una hechicera, el poder recorría sus venas y, desde que nació, las responsabilidades pesaban sobre sus hombros.
A diferencia de sus hermanas, a Theron le gustaba la burocracia, el embriagante dominio sobre la vida de los demás, pero días como hoy ansiaba solo dejarse llevar.
—¡Hia! —azoró al caballo y lo dirigió en dirección a la mansión de Everhart.
Vivía casi siempre en el palacio, pero sus padres habían regresado de su viaje por los nuevos continentes y Elliot tomó el mando, dejándolo con tiempo libre.
Theron atravesaba el cañón custodiado por las altas laderas de las montañas.
En esta zona siempre ocurrían cosas raras.
Parecía un campo de magnetismo para problemas, energías descontroladas, espectros y calamidades.
Hoy no fue la excepción…
Iba tan sumergido en sus pensamientos que, cuando sintió un temblor bajo sus pies, se demoró en reaccionar.
—¡¿Pero qué carajos es esto?! —rugió con voz de trueno, tranquilizando luego al animal asustado.
Sobre su cabeza comenzaron a caer piedrecitas que se desprendían por la sacudida tan violenta.
El movimiento terrestre duró apenas unos segundos, pero fue tan fuerte que se temió hubiese un desplazamiento de rocas, así que apresuró el paso para salir del peligro.
Sin embargo, en medio de la noche, un rugido feroz prendió todas sus alertas.
Conocía muy bien esa aura; además, la brisa le trajo aromas familiares.
Beof y su hermana Amara…
Sin pensarlo, se internó aún más en el laberinto de la cadena montañosa.
El grito de Amara se escuchó proveniente de las profundidades, sostenida por la mano firme de Beof, pero también por algo que se enredaba en sus piernas.
“¡Amara!” Beof rugió en agonía, sintiendo que la perdía de su agarre y soportando la pesada roca que ya había impactado en su espalda.
“¡Arrójate, Beof, salta ya!” Theron ordenó, viendo sus posibilidades de sobrevivir.
Él mismo se arrojó de cabeza detrás del poderoso lycan, que luchó por sostener a su mujer y protegerla de cualquier peligro.
La oscuridad se los tragó como la boca de un monstruo.
La montaña se estremeció y las enormes piedras cayeron, bloqueando el acceso a ese agujero que había surgido de la nada.
En las entrañas de la tierra, tres lycan caían a un vacío que parecía no tener fin.
La luz verde aún centelleaba en sus pupilas y hacía escocer su pelaje.
Theron podía reconocer la magia cuando la veía. También corría por sus venas, aunque su parte animal era la que poseía más el control.
Este pasaje a un sitio desconocido era por obra de un hechizo mágico descontrolado.
No sabían cuánto tiempo cayeron por esa madriguera misteriosa, pero al fin vislumbraron el fondo y sospecharon que sería un impacto brutal.
“¡Cambia a tu forma elemental, Amara, cambia, mi amor!” Beof le pidió, sintiendo el fin acercarse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...