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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 825

NARRADORA

Cayendo desde las alturas y sumergida en los fuertes brazos masculinos, la robusta lycan hizo su cambio a una mujer curvilínea y hermosa, pero mucho más pequeña.

Su pareja se envolvió sobre ella como una manta de protección.

Ya veían el suelo acercarse con rapidez, así que ambos lycan prepararon su cuerpo y todos sus instintos de bestias superiores.

¡BAAAM!

Los poderosos músculos de las potentes patas explotaron al caer de pie, levantando tierra y desperdicios por doquier.

Aun así rodaron por el impulso, raspándose el pelaje y escuchando el crujir de los huesos.

Beof lo tuvo peor porque su prioridad era proteger a su compañera, pero Theron enseguida se estabilizó.

Cuando logró incorporarse y caminar hacia la esquina donde vio la sombra de su cuñado, una advertencia retumbó en su mente.

“Espera, ella está desnuda”, escuchó la voz de Beof y sus movimientos bloqueando a Mara.

Theron casi le gruñe con molestia.

Aún no entendía esa veta obsesiva de posesividad.

Amara era su hermana y la había visto desnuda incontables veces antes de emparejarse con Beof.

Su padre se comportó igual con Katherine después de que crecieron, aunque obviamente él era su cachorro.

Quizás Theron simplemente no entendía ese instinto absurdo de los machos lycans porque no había encontrado a su destinada.

Tampoco era algo que le apurara mucho…

“¿Amara, estás bien? ¿Qué sucedió?”, preguntó finalmente, dando pasos atrás y dejándoles privacidad.

A la vez, exploraba esta caverna en tinieblas donde habían caído.

“Sí, hermano, solo… fue demasiado raro. El suelo se abrió de golpe como si algo hubiese explotado del interior y me tragó. Las raíces se enredaron en mis tobillos y no me soltaban.”

Le respondió, revisando la bolsa que Beof siempre llevaba en las caderas cuando se convertían en bestias y salían a correr en las noches.

“No debieron ir de cacería a esa zona. Aún no sabemos mucho cómo fue que se originaron los portales esos que se tragaron a los demás”, Theron les recriminó.

Pero sabía muy bien que a su hermana, le entraría por un oído y le saldría por el otro.

Y Beof… ese gigante rudo hacía lo que quisiera la revoltosa de Amara.

“Bueno, todos no somos tan juiciosos como el próximo Regente.” Mara resopló.

Theron casi pudo imaginarse la lengua afuera y los ojos revirados de su hermana.

Bufó en respuesta, escuchándola hablar con Beof, que la revisaba preocupado en busca de heridas.

“Voy a adelantarme un poco a explorar. No estaré lejos, manténganse alertas.”

Pero lo que logró capturar la atención de Theron no fue el viejo árbol, sino el animal que estaba desmayado frente al tronco.

El pelaje dorado se manchaba de rojo por las heridas; parecía haber caído por accidente desde el gran agujero que dejaba pasar la luz.

Theron no sabía si vivía o estaba muerto.

Se acercó enseguida, dejando de lado la precaución; algo lo incitaba y apuraba en su alma.

Se inclinó a revisar si aún respiraba, con el corazón martillándole en el pecho.

La brisa suave y apenas perceptible le dio en el dedo que puso frente a su morro.

El subir y bajar tenue del pecho del animal lo tranquilizaron.

Una hembra… en realidad era hembra…

—¿Una… una leona? —Theron frunció el ceño y, en ese mismo instante, ella abrió los ojos.

Pupilas animales, intensas y salvajes lo miraron apenas unos segundos antes de volver a desmayarse.

Pero eso bastó para Theron; tenía que salvar a esta magnífica leona a como diese lugar.

¿Por qué? No lo sabía a ciencia cierta, pero su lobo le decía que era importante.

Y su instinto… nunca se equivocaba.

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