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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 826

NARRADORA

Theron sostuvo el cuerpo robusto de la leona y se sentó cargándola sobre sus gruesas piernas.

Sus ojos bestiales se fijaron en una mancha de sangre en el suelo. Rebuscando, encontró que ella tenía una herida a un lado de la cabeza.

"Al menos paró la hemorragia", masculló con el pecho apretado en preocupación, palpando el fluido seco.

¿Por qué estaba tan ansioso por salvar a este animal?

"Kham, ¿sientes algo especial?", Theron le preguntó a su lobo mientras pasaba las manos rudas de lycan, rebuscando a través de todo el pelaje dorado.

Tenía magulladuras y quizás algunas fracturas de la caída tan violenta.

"Es confuso… siento que es especial de alguna manera, pero no puedo ver dentro de ella… huele rico, me gustan las gardenias."

El propio Theron se vio sumergiendo el morro en el cuello peludito y aspirando profundamente.

El olor cremoso y perfumado invadió sus sentidos, haciendo cosquillear cada poro de su piel.

Theron frunció el ceño; sabía que había otros continentes con criaturas raras, tendría que preguntar sobre esta leona.

Pero le daría primero de su sangre; esperaba que no fuera tóxica para ella.

La sangre de lycan era complicada; podía ser dañina para las criaturas más débiles.

"Ella se ve bastante fuerte… como una hembra Alfa dentro de su raza."

Su lobo le dijo y, en medio de sus pensamientos, escucharon pasos.

Theron giró la cabeza para encontrarse con Beof cargando a su hermana gemela.

Los ojos de Beof y Amara miraron asombrados hacia la caverna llena de sorpresas extrañas.

"¿Le sucedió algo a Amara?" Theron frunció el ceño al verla siendo cargada en los brazos del gigantesco lycan.

—Bueno, parece que me torcí el tobillo —le dijo recostándose perezosa contra el amplio pecho albino.

Theron alzó una ceja. La conocía demasiado bien como para saber que Amara solo estaba haciéndose la débil frente a su mate.

"¿Qué es ese árbol y esta cueva? Además… es de día” Beof miró a los rayos de sol, concluyendo lo evidente.

Nadie tenía respuestas para sus preguntas.

—¿Qué proteges en tus brazos, hermano? —la curiosidad picó en Amara.

Le importaba más el chisme que este raro sitio.

Cuando Theron les mostró bien, se asombraron aún más de ver a una leona inconsciente y, la joya de las rarezas… era la manera en que su gemelo miraba a la bestia.

Amara achicó los ojos con picardía.

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