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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 828

NARRADORA

Beof se quedó mirando por un momento hacia el árbol. Creía haberla visto en algún sitio; tal vez la confundía con alguien más… no le quedaba claro…

—¿La conoces? —Amara le preguntó.

"No… no sé, quizás cuando luché en este continente… no recuerdo bien", Beof confesó, pero pronto lo olvidó porque tampoco era algo que le importara demasiado.

Laziel se apartó con Lavinia para abrir un portal especial hacia el castillo de Victoria y Drakomir.

"¿Por qué no le dijiste a tu hermano que lo que lleva en las manos no es una mascota, sino una cambiaformas?", Laziel le susurró en la mente a su hembra.

Parado a un lado, dejándola a ella ejecutar su magia.

"¿Has visto cómo la carga a todos lados? Theron no es muy cariñoso que digamos. Así que, quién sabe… quizás encontró una sorpresita. Así que punto en boca."

Los ojos hermosos de Lavinia se estrecharon hacia su macho, que la miraba intensamente y recostado a una pared.

Al príncipe oscuro le encantaba la veta mandona de su compañera.

Con la actitud desconectada e indiferente de Laziel, nadie se imaginaba la conversación seductora que tenía con Lavinia.

"No sé, de repente me siento hablador… ¿Qué me darás para comprar mi silencio?" El destello dorado pasó por esos ojos entrecerrados y sexis.

Lavinia bufó mientras movía las manos e invocaba su magia elemental de portales.

"Eres tan pervertido que ya me estoy quedando sin ideas", respondió de manera descuidada.

"Ya solo me falta llenarme el cuerpo de tu comida favorita y ponerme en cuatro sobre una mesa para que me devores."

—Hecho.

"¡¿Qué?! Laziel, era solo un decir… ¡Oye, ni se te ocurra!" Lo miró advirtiéndole y apretando la boca para no maldecir en voz alta, pero Laziel solo sonrió tenuemente.

Ondeó la mano y el portal se abrió de golpe.

La brisa del atardecer entró impetuosa.

Del otro lado se veían los campos verdes y las opresivas murallas de la fortaleza de Drakomir.

"Sabes que no entiendo los sarcasmos. Así que debiste pensarlo muy bien, porque me lo voy a tomar súper… literal, mi amada Lavi."

Se acercó y le dio un piquito rápido y mojado que le hizo temblar las piernas y algo más a Lavinia.

"Maldito seductor", masculló, pero ya se veía vestida de chuletas, como la cerdita del fin de año.

—Beof, lleva a Amara y, hermano…

—Yo me quedaré aquí; mejor que alguien cuide este sitio y quiero… —Theron miró hacia su pesada y nada molesta carga— curarla antes de marcharme.

Lavinia y Amara se dieron miradas cómplices.

En realidad… estaba anhelando que todos se fueran de una maldita vez y quedarse solo.

Caminó con sus pasos retumbando y bajando la cabeza en los techos bajos.

Escogió una pequeña cueva cerca de la caverna principal.

El sol entraba por alguna de las grutas en las alturas; se veía seca y hasta cálida.

Depositó a su leona en una esquina cómoda y decidió arriesgarse a alimentarla con su sangre para que sanara más rápido.

Ideas locas estaban pasando por la mente de Theron.

Incluso pensando en llevársela para su reino como una mascota personal.

"Ya veremos después, pero ahora, vamos a sanar esas heridas, mi pequeña salvaje." Murmuró mientras se apoyaba contra la pared y la enorme cabeza descansaba sobre su pecho.

Se abrió la vena de la muñeca y manipuló las rígidas fauces para dejarle caer unas gotas de su líquido vital.

Las yemas rugosas, con almohadillas lobunas, acariciaban el pelaje dorado mientras la instaba a alimentarse.

Este era un momento de calidez, como nunca antes había sentido, y Theron rogaba porque su hermana Lavinia olvidara por unas horas cómo hacer un portal hacia aquí.

Su deseo fue cumplido y no solo unas horas… Lavinia lo olvidó por una noche completa y aparecieron de nuevo al otro día.

Solo que, cuando llegó el momento del reencuentro, Theron ya no era el solterón que dejaron y la leona se había convertido en una mujer curvilínea, salvajemente hermosa y, convenientemente… amnésica.

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