THERON
Me pasé casi todo el día buscando cosas útiles para un campamento.
Tenía el presentimiento de que mis hermanas andaban haciendo de las suyas.
Que desde el vientre recibí las patadas inquietas de Amara y sabía muy bien de lo que era capaz.
La tarde iba cayendo y con ella se marchaba la luz del sol.
Subí a la superficie solo para ver que estábamos en medio de un bosque intrincado.
Logré recoger algunas hojas grandes y hierba seca; con eso hice un nido decente en la cueva y pude prender un pequeño fuego.
A pesar de crecer rodeado de papeles y aprendiendo a dirigir el reino, por el contrario de lo que creían mis hermanas, no era ninguna polilla.
Mi padre me enseñó a sobrevivir y luchar como mi raza. Los consejeros reales también.
Todos los lycans llevábamos el salvajismo en las venas.
Convertido en mi forma elemental para ahorrar energías, me recosté a la pared del fondo con mi hermosa leona sobre el cuerpo.
No podía dejar de acariciar el suave pelaje.
Algo nos unía a ella y no veía el momento en que tomara consciencia, para que mi lobo invadiera su mente, que ahora era un caos.
—¿Por qué no despiertas, pequeña? —estrujé un poco su esponjosa oreja entre mis dedos.
Un ronroneo bajo vibró en su pecho y las largas pestañas se movieron, pero al parecer estaba bien cómoda, porque continuó en su mundo de sueños.
Sin nada que hacer y con tanto silencio, hasta yo comencé a dormirme mientras las sombras de oscuridad se tragaban la poca luz.
Este sitio no era muy agradable que digamos. A pesar de la contención de Laziel, la magia oscura se movía en el aire como un veneno.
Sin embargo, yo también provenía de una hechicera.
Aquí, en mi pequeña cueva, solo había paz y la calidez de la enorme perezosa acostada sobre mi pecho.
Así me quedé dormido con mi nueva manta pegajosa.
No sé cuánto tiempo había pasado; debía ser de madrugada, no lo tenía claro y algo se empezaba a mover sobre mí.
—Pequeña… quédate tranquila… —balbuceé adormilado, creí que estaba soñando porque juraría que sentía las pequeñas caricias de unas manos recorrerme.
El aroma cremoso y floral entraba por mi nariz estremeciendo mis sentidos.
—Mmnn —alcé la pelvis gruñendo al sentir que mi falo era agarrado y sacudido lentamente.
Comenzó a parárseme con tanto manoseo.
El frescor dio en mi ingle y mis muslos cuando la cubierta de hoja que llevaba fue retirada.
—Sshh espera… —mis palabras roncas salieron entrecortadas.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...