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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 830

THERON

Miré a todos lados buscándola y no había nadie más aquí.

Mi vista quedó capturada por el movimiento de algo que salía de su coxis y ondeaba en el aire.

¿Una… una cola de leona? Ideas bastante descabelladas pasaban por mi mente calenturienta.

La vi incorporarse, relamiéndose como si hubiese tenido una buena cena.

Sus ojos nublados con tormentas oscuras en sus profundidades.

Estaba excitada; ella no había tenido su premio y ya me había dado el mío.

Descubrí que entre su cabello largo de rizos dorados había dos cositas esponjosas como orejas.

Abrí la boca, medio perdido, para preguntarle quién era… aunque la respuesta estaba siendo gritada en mi cerebro.

Pero la vista de esos dos cremosos pechos expuestos mientras gateaba hacia mi cuerpo, me dejó sin habla.

Esto es a lo que llaman pensar con la polla.

—Tú… —tragué en seco al tenerla sobre mí, sudada y jadeando, pidiendo sexo de manera descarada.

—Mi macho, duele… aquí… —tomó mi mano y la dejé que la llevara entre sus piernas, donde un fluido viscoso escurrió entre mis dedos.

Joder estaba enloqueciendo.

Moví los dedos por la rajita, entre sus pétalos hinchados de deseos y comencé a toquetearla como un pervertido.

—Aahh… así… más mi macho… mételos dentro, mnn te deseo mucho…

La tuve pegándome las tetas al pecho y lamiéndome el cuello como un dulce.

Sus caderas se meneaban sobre mi mano que se perdía en su coño y penetraba su vagina lentamente.

El calor de esos pliegues me cubrió hasta los nudillos; estaba resbaladiza y preparada para ser bien jodida.

Sumergí la nariz en su cuello, oliéndola y lamí su oreja, chupándole el lóbulo mientras pellizcaba su clítoris.

Gritaba que la tomara y, por la Diosa, estaba cediendo a toda esta locura.

Mi pene de nuevo duro, bien firme y temblando con ganas locas de sumergirse en ese coño cachondo.

Ella me decía que yo era su hombre, su macho; me llamaba mi amor y yo me estaba sumergiendo en esta fantasía erótica.

Sobre todo porque mi lobo se encontraba en llamas y sentía algo que jamás habíamos experimentado, ni buscado.

El llamado de una compañera, del espíritu animal que estaba dentro de esta hembra.

Ella era mía, lo podíamos sentir.

Así que cuando me empujó hacia las hierbas secas y se sentó sobre mis caderas, la dejé apoyar la mano en mi corazón y tomar mi miembro con la otra.

Mi polla fue engullida deliciosamente por ese estrecho agujerito.

Sacándome el aire de golpe y haciéndome rugir, con la lujuria nublando mis sentidos.

Ella controlaba mi voluntad mientras se sentaba lentamente y me comía hasta la razón.

347. LA PRESA Y EL CAZADOR 1

347. LA PRESA Y EL CAZADOR 2

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