THERON
Lamí la marca temporal de su nuca, sintiendo sus ronroneos mientras bebía de mi sangre.
No parecía hacerle daño y, más bien, esos sonidos eróticos que escapaban de sus succiones me decían que le encantaba mi esencia.
Rodeé un poco de lado, llevándola entre mis brazos y acomodándonos.
Besé su cuello y olfateé su cabello húmedo.
Me sentía demasiado bien para describirlo, pero deseaba más.
Nuestro vínculo no era permanente, ella no pertenecía a mi raza y su espíritu animal no poseía tanta consciencia como mi lobo.
Era solo una forma mágica, más salvaje, un cúmulo de instintos bestiales que nos llamaban.
Tendríamos que encontrar la forma de emparejarnos permanente, supongo que para empezar tenía que conocer su nombre.
—¿Cómo te llamas, mi hermosa leona? —susurré al sentir que su lengua rasposa cerraba las punciones de sus caninos.
Se revolvió un poco, haciéndonos gemir. El grueso nudo se había quedado clavado en su suave interior.
—Espera, nena… aguanta un poco o te va a doler… Sshh, no aprietes más… —siseé dejando salir el aire de golpe cuando los sedosos pliegues se movieron alrededor de mi eje.
Joder, que me estaba poniendo duro de nuevo.
Necesito pensar racionalmente.
“Ella es nuestra mate”, mi lobo anunció lo evidente.
Pasaron algunos minutos donde nuestras respiraciones se fueron calmando un poco.
Al menos la mía, pero ella se estaba poniendo rara.
Su pecho subía y bajaba cada vez más de prisa y olas de calor azotaban su cuerpo curvilíneo.
—¿Pequeña? —empecé a preocuparme; no me decía nada.
Forcé, con mente fría, el nudo a bajar y logré salir de su interior para girarla hacia mí.
Los fluidos lechosos rodaron por mis muslos cuando la senté sobre mi regazo.
—Mi macho… —sus palabras resonaban en un susurro y los ojos parecían llenos de brumas—. ¿Dónde estamos?
Su expresión cambió a confundida… quizás el golpe en la cabeza la había afectado.
—Caíste a esta cueva… ¿Qué te sucede? ¿Te duele algo? —comencé a entrar en pánico por su mirada extraviada.
Se aferraba a mí de manera dependiente mientras sus pupilas vigilaban a nuestro alrededor.
Los restos de mi sangre aún estaban en la esquina de su comisura.
¿Y si la estaba envenenando lentamente? ¡Pero ella no se veía tan débil!
—Vómitalo todo. ¡Si te sientes mal, tienes que vomitarlo! —hice por abrirle la boca, pero lo único que me gané fue un mordisco mojado en el dedo.
—No quiero… —masculló con un tierno mohín.
Su lengua salió a lamerme la palma de la mano de manera erótica y ronroneaba mientras una sonrisa coqueta aparecía de lado.
“Ella… ¿está borracha por nuestra sangre?”
Mi lobo preguntó con dudas. Las mismas que me asaltaban la mente.
Dolor no parecía tener, sino la expresión de haberse tomado una bodega entera de cervezas.
—Nena, ¿te duele?
—No… —incluso hipó en mi cara—. Me gusta mucho… eres lo más delicioso que había probado jamás y me siento tan caliente… mi macho…
Jadeó yendo a devorarme la boca, moviéndose sobre mi cuerpo, con ese coño cachondo escurriendo sobre mi polla que iba para arriba como la espuma.
Abracé su cintura y la pegué a mi pecho.
Yo no sería quien diría que no a este manjar.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...