THERON
Su cuerpo se contorsionaba bajo mis músculos y tuve que mover el morro hacia atrás para no llevarme una buena mordida de esas fauces feroces.
“¡YA CONTRÓLATE DE UNA VEZ, JODER!”
Mi rugido la hizo quedarse rígida.
A través de la marca temporal sabía muy bien que podía escucharme aunque no fuese de mi raza.
Sus pupilas erráticas se quedaron mirando a las mías lobunas.
“Te voy a soltar y vamos a hablar, pero si intentas escaparte de nuevo… que sepas que mi paciencia tiene un límite.”
Mi mano tosca bajó a darle una buena sacudida a sus nalgas de leona.
Gruñó enojada, pero se contuvo de atacar.
La fui bajando lentamente y, apenas aflojé un poco, se escabulló dando un salto atrás.
Su precaución hacia mí y ese estado arisco no se parecía en nada a la hembra seductora de hace unas horas.
¿Qué pasó aquí?
“¿Por qué te fuiste así? ¡¿Por qué estabas escapando de tu mate?!” Intenté controlarme, pero mi temperamento salía a flote.
“¿Mi… mi mate? ¿De verdad lo eres?” Una voz femenina se filtró en mis pensamientos.
Si no fuese por esta situación tan tensa, hubiese gruñido de placer porque ella invadiera mi mente.
“Claro que lo soy, creí… que lo tenías claro. Mi marca está en tu nuca.”
“No me lo imaginé… ¿En serio me marcaste?” El pánico se filtró por su voz, haciéndome fruncir el morro.
“¿Acaso estás jugando conmigo? Tú fuiste la primera en reconocerme en esa cueva. Hicimos el amor y te marqué… ¿No lo recuerdas?”
De repente esa posibilidad pasó por mi cabeza.
O sea, todo en ella era raro desde el inicio.
Empecé a analizar las cosas y a dejar de comportarme como un imbécil descerebrado.
El titubeo en sus palabras no parecía fingido.
¿Será por el golpe que sufrió en la cabeza?
“Yo… lo recuerdo, pero estaba… confundida”, confesó de repente.
“Caíste en una trampa y te golpeaste en la sien… ¿recuerdas quién eres?”
Intenté dar un paso hacia ella, pero retrocedió.
Algo se apretó en mi pecho, pero luché contra mis deseos de tocarla.
“Recuerdo que estaba vagando por el bosque, corriendo, y hubo de repente una explosión verde bajo el suelo que colapsó y me hizo caer…”
Su dulce voz relataba, mezclada con vacilaciones de recuerdos.
Parece que experimentó lo mismo que nosotros.
Esa magia corrupta se salió de control y debió abrir el pasaje físico entre los dos continentes.
“¿Cómo te llamas, pequeña?” Tenía miles de cosas que preguntarle, pero necesitaba saber su nombre.
“Zaraphina”, respondió mirándome con esos ojos mieles de felina.
Bajo los árboles y casi amaneciendo, teníamos esta rara presentación.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...