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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 833

ZERAPHINA

Creo que seguía alucinando.

O sea… ¿Cómo las cosas pudieron tomar este rumbo tan loco?

Salí de mis tierras a correr porque me sentía tan sofocada y caí en ese agujero de los mil demonios.

Recuerdo por momentos cómo me abalancé sobre este macho, movida por la ardiente lujuria que quemaba mi mente.

Lo que más queda son todas las deliciosas sensaciones; sus empujes vigorosos aún estremecían mi interior.

Ahora lo tengo completamente desnudo, montado sobre mi forma animal, restregándome descaradamente su erección.

No lo conozco de nada y lo peor es que muero por ronronear y dejarme tocar por esas manos rudas.

¡¿El golpe en la cabeza me dejó idiota?!

¡Que soy la reina Zeraphina de los hombres bestia!

—Mmnn… cambia a tu forma elemental, quiero verte…

Gruñó, mordisqueándome una oreja.

Intento retorcerme y luchar, pero sus músculos se tensan como un grillete y, aunque no está en esa forma enorme de lobo, igual la fuerza recorre cada uno de sus gestos.

—Sssh, pórtate bien, Zera… o después el castigo será peor…

Me advierte y ese tono cariñoso en su voz me encanta.

Aunque la voz rebelde en mí me incita a llevarle la contraria, para luego empinar bien las nalgas y recibir mi “horrible” castigo.

Jamás he cedido así a un macho.

Hace unos meses perdí a mi Rey en la disputa por la mate de Aidan.

Me dolió más haberle entregado mis sentimientos a un hombre inseguro y débil que saber de la muerte de ese cobarde que me encerró y peleó conmigo hasta dejarme herida.

Desde que pasé por esa tormenta, la carga de la corona se hizo más insoportable para mí.

No podía más, sentía que las paredes del castillo se cerraban a mi alrededor, cortándome la respiración.

Quería escapar… esa era la verdad.

Jamás deseé ser la reina, ni regir sobre el destino de nadie.

No me gusta dar órdenes y tener que preocuparme por decisiones importantes.

Ni siquiera pude concebir después de tantos años.

Posiblemente, era el temor interno de pasarle toda esta carga a mi hija.

Incluso preparé a mi prima para el puesto de monarca; ella siempre lo codició y yo estaba cansada de ahorcarme con la soga que jamás anhelé.

Mi cuerpo empezó a cambiar solo por su pedido demandante.

Su sangre recorría mis venas con un toque picante y mágico… delicioso.

La marca en la nuca ardía y me ataba a él de una manera cómoda.

Por primera vez en mucho tiempo sentía que podía recostarme sin miedo en los brazos de mi pareja.

Su cuerpo desnudo se apoyó en las manos, apenas dándome un respiro.

Apoyando las manos a los lados de mi cabellera y mirándome tan intensamente que prendía en llamas mi coño.

—Buena chica, Zera… —gruñó, devorándome con sus ojos, recorriendo mis senos expuestos y bajando por mi vientre.

Me obligué a parecer pudorosa cuando, en realidad, moría por abrirle las piernas para ser penetrada de nuevo por ese enorme falo.

Su olor masculino y dominante me estaba enloqueciendo.

—No soy ninguna mascota para que me trates como tal… —logré mascullar haciendo un amago de dignidad.

Pero en un segundo lo tuve acorralándome contra el suelo.

Su mano capturó mi barbilla y la otra me sostuvo las manos unidas y estiradas sobre la cabeza.

—Claro que no eres una mascota… tú eres mi mujer, mi hembra, y ahora mismo me vas a decir: ¿prefieres obtener tu marca permanente revolcados como animales en medio del bosque o en la cómoda cama de nuestro nuevo hogar?

Sus ojos tenían un tinte peligroso.

Sus palabras eran promesas de cambio, de libertad, de escapar…

Ideas bastante desquiciadas pasaban por mi mente.

Quizás mi gente ni siquiera se estuviese esforzando mucho en buscarme.

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