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¡Eres mía, heredera! romance Capítulo 110

El interés.

Mientras subían en el ascensor, Beatriz no pudo evitar analizar con más atención al asistente del hombre, que amaba su mejor amiga, sobre todo porque ese hombre ni la miraba, algo que para ella era algo totalmente diferente de lo que ella siempre había recibido de los hombres.

Fletcher Gordon era un hombre alto, bien proporcionado, al que le sentaban de maravilla los trajes de ejecutivos, ni muy musculosos, ni escuálido, desde luego no tenía sobre peso, más bien estaba en el equilibro exacto, la rubia estaba segura de que ese agradable espécimen de hombre, practicaba deporte, o algo que lo mantuviera es esa tan buena forma.

Sus ojos negros, convidaban perfectamente con ese cabello castaño oscuro, que combinaban perfectamente con la forma atractiva de sus cara, cuyo flequillo le caía atractivamente aun lado sobre su frente. Pero sólo había dos cosas que le tenía totalmente robada su atención, una era su mentón fuerte, y cuadrado, y la otra era algo que ahora, no la podía apreciar, ante el silencio incomodo que ese hombre había decidido crear, y no era otra cosa sino que su voz, esa voz ronca, baja, y definitivamente masculina.

-“¿No te gusta hablar en los ascensores?”- preguntó Beatriz sin poder evitarlo, no le gustaba que se hombre la ignorara.

-“No si puedo evitarlo.”- dijo secamente el asistente para continuar ignorándola, aunque no pudo evitar que algo de color subiera su mejillas de la incomodidad que le causaba esa mujer.

El interés de la rubia se despertó, no se creía que ese hombre le fuera tan indiferente. Le fue a responder cuando las puertas del ascensor se abrieron, y el asistente salió de él, sin tan siquiera espera que ella lo siguiera, así que la rubia tuvo que correr por los pasillos, con sus altos tacones, para no perderlo de vista, menos mal que gracias a su profesión, tenía mucha práctica con esas inestables plataformas.

-“Al parecer le caigo mal al recto asistente.”- pensó la rubia sonriendo ante la excitante expectativa.

Pronto se encontraron frente a una enorme puerta doble que debía de ser la del despacho del CEO, la razón por la que la rubia había llevado hasta ese edifico, tras tocar el asistente, se oyó, desde dentro, con una voz muy masculina.

- “Adelante”- y así que, ella, acompañada por el asistente, que fue el que abrió la puerta, entraron en el despacho.

Un hombre rabiosamente atractivo los miraba desde su mesa, y Bea comprendió porque la tranquila y paciente Hanna, había caído como lo hizo, ese hombres era un sueño para cualquier mujer, excepto para ella, que estaba más acostumbrada, por su profesión, a ese tipo de hombres tan atractivos, masculinos, y seguros de sí mismos.

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