El Acoso.
Prácticamente la rubia se pasó la mañana en el despacho de su jefe, mientras fuera el asistente trataba de mantener alerta ante cualquier ayuda que necesitara su jefe, sobre todo porque no se fiaba de la descarada rubia.
La primera solicitud que hizo su jefe fue mandarle a pedir un banquete acompañado de los mejores vinos de unos de los restaurantes más lujosos de la cadena Miller. Cosa que, para el fiel y profesional asistente, era un desperdicio, esa rubia terremoto, no se merecía tantas atenciones, tan sólo por ser tan malcriada y descarada.
Cuando llegó la comida acompaño a los empleados del restaurante para que le sirvieran a su jefe, lo que la hicieron muy diligentemente, mientras al rubia miraba al asistente quien estaba de pie delante de la mesa, supervisando que los camareros hicieran su trabajo correctamente, ni siquiera por un segundo levantó sus ojos para mirar a malcriada señorita Walker, pero eso no evitó que la rubia se lo comiera con la mirada, cuando los empleados del restaurante hubieron acabado de servir el exquisito y bien presentado banquete, como la misma eficiencia que entró, volvió a retirarse.
Tras hablar con Roy, del pasado de su amiga, y ante lo que tenía que hacer ahora, que era pensar un plan para que, tanto el jefe del guapo asistente, como su amiga Hanna Müller, se reconciliará, la rubia hizo una petición muy peculiar al amor de Hanna, que este no dudó en cumplir, para desesperación del pobre asistente.
- “Bien empezamos porque leas esto, y después de que veas como está la situación creamos un plan, te voy a pedir un favor podrías hacer que ese atractivo asistente entre, ver algo tan bonito y deseable, me ayudará a pensar mejor, activara mejor la adrenalina en mi cabeza.”- dijo a la rubia sonriendo traviesa, mientras tras comer su plato de pollo, comenzaba a devorar una macedonia de frutas.
- “Sin problemas”- le dijo Roy cogiendo el sobre que ella le había dejado sobre la mesa, y acercándose a su mesa de despacho, llamó a Gordon para que este entrara en el despacho.
El asistente que seguía esperando para ayudar a su jefe contra esa malcriada bruja de ojos esmeraldas, ni se lo pensó entró para encontrarse que había sido literalmente vendido por su jefe, a la reina de las hechiceras.
Durante casi dos horas lo único que hizo el asistente fue estar de pie, delante de una rubia, que hablaba con su jefe, mientras lo miraba como si fuera un delicioso manjar que ella quisiera devorar, y todo por órdenes de su jefe, que nada más entrar, le dijo que debía permanecer allí, para que la señorita Walker pudiera pensar mejor. Por primera vez, el asistente, pensó en dimitir, soportar esa malcriada rubia, no era pago, ningún incentivo, por muy generoso que fuera, merecía esto.
Unos días después la rubia recibió la llamada de su mejor amiga, y mientras hablan de su hombre, la rubia no pudo evitar demostrar que su interés por cierto asistente, que la ignoraba.

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