Valeria e Isaac también estaban observando disimuladamente cada movimiento de Alba.
Especialmente Valeria, quien había entrado a escondidas a la transmisión en vivo, esperando encontrar una avalancha de halagos hacia ella.
Al principio, así había sido. Como tenía muchos más seguidores que Mía, los fans de esta última habían sido aplastados rápidamente.
Pero en un abrir y cerrar de ojos, ¡toda la atención se había desviado!
Al leer cómo todos elogiaban a Alba, Valeria no pudo evitar lanzar una mirada venenosa hacia ese rincón del camerino.
¡Esa maldita de verdad era hermosa!
Siempre la veía sin maquillaje o con un estilo muy natural, ¡nunca imaginó que arreglada se vería tan deslumbrante!
¡Su diseñador era Luis Urbina, un don nadie que el Grupo Moreno había desechado! ¿Cómo diablos había logrado crear un vestido y un maquillaje tan impresionantes?
En ese instante, Valeria sintió una punzada de pánico.
Al ver que Isaac seguía luciendo completamente seguro de sí mismo, no se atrevió a decirle nada para no arruinar su confianza.
Pero el miedo ya se había instalado en su pecho.
¿Y si...?
No. Esa posibilidad no existía.
Intentó calmarse repitiéndose a sí misma que Alba solo había tenido suerte. Que Luis, siendo un diseñador fracasado, hubiera hecho un buen trabajo era pura casualidad.
Sin embargo, sus ojos seguían desviándose de forma incontrolable hacia donde estaba Alba.
Pensó que si Alba lograba destacarse en el escenario y robarse el espectáculo, todo el dinero que habían gastado en publicidad, tendencias y relaciones públicas se iría a la basura.
Además, si Alba ganaba más popularidad, tal vez Isaac y Mateo volverían a prestarle atención y a valorarla.
Valeria había invertido demasiados años manipulando la situación para ganarse el favor de sus padres y hermanos, y hacer que todos odiaran a esa despreciable mujer.
—¿Un trato? —Mía la miró con confusión.
—Seguro ya sabes que no me llevo bien con Alba Moreno, mi hermana. Ahora que ambas estamos en el mismo escenario, es obvio que todo el mundo nos va a comparar.
Valeria fue directo al grano. El tiempo se agotaba y pronto tendrían que salir a la pasarela.
—¿Y qué quieres decir con eso? —preguntó Mía, recelosa. Intuía por dónde iba el asunto, pero quería estar segura.
—Exactamente lo que estás pensando —respondió, dejando caer la máscara por un segundo mientras se acercaba a su oído para susurrarle unas palabras.
Los ojos de Mía, perfectamente maquillados, se abrieron de par en par, llenos de sorpresa al escuchar el plan.
—Sé que Isaac te interesa. Si haces esto por mí, te lo presentaré personalmente y te conseguiré buenos contactos para impulsar tu carrera.
Valeria sabía exactamente qué decir para endulzarle el oído, aunque otra cosa muy distinta era si cumpliría su promesa.

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