—¡Fue Valeria! ¡Estoy segura de que lo hizo a propósito para arruinarme! —Norma estalló por completo.
Especialmente cada vez que se veía en el espejo y observaba ese rostro espeluznante, recordando que su gloriosa vida como dama de sociedad se había esfumado.
El odio que sentía hacia Valeria se volvió incontrolable.
Sin dudarlo un segundo, llamó a Sara y la llenó de insultos, exigiendo que Valeria le diera una explicación inmediata a como diera lugar.
Luego, se puso unos lentes oscuros y un cubrebocas, agarró el supuesto milagro de belleza y se fue directo a La Quinta Ancestral.
¡Iba a hacer que Valeria pagara por lo que había hecho!
—Norma, cálmate, por favor. Valeria seguramente no tenía idea de lo que iba a pasar. Debe haber un malentendido.
—Eran solo unos cosméticos, no pueden haber hecho tanto daño.
Sara intentaba apaciguarla con buenas palabras, pero sentía que la cabeza le iba a estallar.
Después de todo, la familia Quintana tenía mucho poder e influencia; no podían simplemente tirarles unos billetes en la cara para solucionar el problema.
Cuando Sara se enteró de lo sucedido, había interrogado a Valeria, quien le juró entre lágrimas que no sabía nada.
Valeria le dijo que ella misma había usado los productos y que no le había pasado nada. Incluso sugirió que Norma se había intoxicado con algo que comió, o que había usado otra cosa.
Y que ahora solo quería echarles la culpa para sacar provecho.
Pero Sara y Norma llevaban años siendo amigas íntimas y las dos familias tenían una excelente relación, así que Sara no podía simplemente lavarse las manos.
Sin embargo, no se atrevía a dejar que Valeria diera la cara, porque sabía que la situación se saldría de control.
Por eso, Sara no tuvo más opción que citar a Norma en La Quinta Ancestral para hablarlo.
—¿Que no pueden hacer tanto daño? ¡Mírame la cara! —Norma, perdiendo los estribos, se arrancó los lentes oscuros y el cubrebocas de un jalón.
Cuando su horripilante rostro quedó expuesto, Sara soltó un grito ahogado y retrocedió un par de pasos, aterrorizada.
¡Dios santo, era la cara de un monstruo!
—Si sigues creyendo que no es para tanto, entonces te reto a que uses estos malditos productos. Si no te pasa nada, te prometo que me trago mis palabras y me aguanto.

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