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Florecer en Cenizas romance Capítulo 131

—¿Yo pedirle disculpas? —Karla soltó una carcajada.

—¡Pa!— Fabiola se acercó y le dio una bofetada directa a Karla. —Muy bien, si no piensas disculparte, entonces yo le devuelvo el golpe por Sofía.

Karla se quedó atónita mirando a Fabiola, llevándose la mano a la mejilla, mientras intentaba lanzarse encima de ella como loca, pero Sofía la sujetó rápido, impidiéndole llegar a Fabiola.

Aprovechando la situación, Fabiola volvió a abofetear a Karla, quien no podía defenderse en ese momento.

Karla explotó de rabia.

—¡Fabiola, estás loca! ¡¿Te atreves a pegarme?! ¡Se lo voy a decir al señor César!

Luego giró la cabeza para mirar a Sofía.

—Y tú también, haré que el señor César te despida.

Sofía sintió un poco de miedo, pero se mantuvo firme, protegiendo a Fabiola con su cuerpo.

—Ya verás —soltó Karla, levantando la mano con la intención de golpear a Fabiola, pero Sofía logró interponerse.

Furiosa, Karla se dirigió a la puerta.

—Ya verán, no se la van a acabar.

Empezó a marcar por teléfono para pedir ayuda.

—En mi vientre llevo un hijo de Agustín, es sangre de la familia Lucero. Para el abuelo Lucero, la sangre de los Lucero es más importante que cualquier otra cosa. Si te atreves a tocarme y le pasa algo a mi hijo, ¡quiero ver si el señor César se pone de tu lado! —Fabiola frunció las cejas y le respondió con firmeza.

Karla se burló.

—¿Todavía sigues fingiendo? No creas que no sé que estás aparentando un embarazo. Ni siquiera te atreves a ir al hospital.

—¿Y si sí estoy embarazada? —Fabiola le soltó con un tono cortante.

Karla arrugó la frente, mostrando que sí le preocupaba el asunto.

La verdad... el abuelo Lucero siempre había valorado muchísimo la sangre de los Lucero.

Por eso, Paulina le había aconsejado que se acostara lo más pronto posible con Agustín y quedara embarazada con un hijo de la familia Lucero.

Karla se mordió el labio y soltó un resoplido, conteniéndose mientras subía las escaleras.

—Me da igual si tienes o no tienes hijo, yo tengo que dormir en la recámara principal.

—Fabiola, ¿qué tienes que ver con el señor Agustín? —preguntó Griselda sin rodeos, directa, sin molestarse en disimular.

Fabiola reflexionó un momento y luego respondió:

—Agustín es mi esposo.

Griselda se quedó tiesa, el café temblando en su mano.

—¿Ustedes... se casaron? ¿De verdad casados? Nunca vi nada en las noticias.

Fabiola sonrió con cierta amargura.

—Él quiere que, por ahora, nadie lo sepa.

Los ojos de Griselda se nublaron por un instante. Agustín ya era un hombre casado.

Para Griselda, Agustín era el candidato perfecto: sí quería acercarse a él, y sí, quería algo más. Pero si ya estaba casado, no podía seguir adelante.

Aunque siempre había tenido claro que jamás destruiría la familia de alguien más.

—Perdón, Fabiola... No sabía que Agustín no estaba soltero. En todas las noticias dicen que es soltero.

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