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Florecer en Cenizas romance Capítulo 139

—¡Griselda! —Fabiola gritó en la entrada del hotel.

Griselda le sonrió y caminó hacia ella.

—Vamos, vámonos a la playa.

Emilio ya tenía el carro listo, pero justo cuando se acomodó al volante, le entró una llamada. Mientras contestaba, su expresión se puso tensa.

—Señora, hoy no vamos a poder ir —dijo Emilio con una disculpa en la voz.

Fabiola lo miró sorprendida.

—¿Eh? ¿Por qué?

Emilio echó una mirada de reojo a Griselda.

—Disculpen, las dos… Nuestro jefe ya viene de regreso a Costa Esmeralda. Ya está en el avión. Llega en dos horas.

Fabiola se quedó boquiabierta. ¿Agustín regresaba hoy? ¿Así de repente?

—Ay, perdón… —Fabiola se disculpó con Griselda, entendiendo que, al final, el que paga manda.

—No te preocupes, cualquier día que tenga vacaciones lo intentamos de nuevo —Griselda la abrazó para tranquilizarla.

Fabiola le devolvió la mirada, apenada.

—En serio, cuando vengas a Costa Esmeralda otra vez, avísame, ¿sí?

—Claro, tú vete tranquila —le aseguró Griselda.

Fabiola subió al carro. Justo cuando la puerta estaba por cerrarse, Griselda recordó algo y se acercó para advertirle:

—Fabiola, cuídate mucho. No confíes en todo el mundo, pon atención a tu alrededor.

Fabiola se quedó un segundo en silencio y luego asintió.

—Está bien.

Emilio arrancó y la llevó directo a su casa.

—La instrucción del jefe es que se quede aquí, señora. No salga por nada —le recalcó Emilio al dejarla en la puerta.

—Pero en la noche tengo que ir por Vanessa… —Fabiola no quería faltar a su palabra.

—Cuando el jefe esté en casa, platíquelo con él. De todos modos, llega hoy a las tres de la tarde —Emilio miró el reloj, como para recordarle que no faltaba tanto.

Esta vez sí que había hecho todo bien: no se metió en líos, no rompió ninguna ley, ni fue a buscar bronca con Paulina, esa tipa tan oscura. Y encima, ¡le llegó su recompensa!

Se quedó platicando con su papá un rato largo y, después de colgar, aún sentía la emoción vibrando en las manos.

Ya más tranquila, Griselda recapacitó. Agustín y Fabiola… Quizás él sí la tomaba en serio. No cualquiera haría algo así solo por compromiso.

...

Residencia de Agustín.

Fabiola estaba sentada en el sofá, portándose como lepidita. No sabía exactamente a qué hora llegaría Agustín.

Sofía apareció con un plato de fruta y le habló bajito.

—¿Ya se enteró, señora? El señor regresó a la casa y dejó al anciano tan alterado que hasta se enfermó.

Fabiola abrió los ojos.

—¿Cómo?

—Y eso no es todo —continuó Sofía, preocupada—. El anciano quiere quitarle las acciones al señor y sacarlo de la empresa. Cuando se peleó con él hace años, por lo de Anahí, ni así se había puesto.

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