—No hace falta que pienses en avisarle a Agustín. Se fue a San Jerónimo del Lago y no va a volver pronto. Sube al carro —ordenó el abuelo Lucero con un tono tan firme que imponía respeto sin necesidad de levantar la voz.
Después de tantos años moviéndose en los negocios, llevaba consigo una presencia que ponía nervioso a cualquiera.
Fabiola asintió y subió al asiento del copiloto.
Tenía claro que el abuelo y Karla iban a llevarla al hospital para hacerle análisis de sangre.
Apenas tres días antes, su prueba de embarazo había salido negativa. Y hoy, con ese ligero sangrado, estaba segura de que no había forma de estar embarazada...
La mentira que ella y Agustín habían mantenido, parecía estar a punto de salir a la luz.
Mientras veía cómo Fabiola se iba con el abuelo Lucero, Sofía, desesperada, la siguió unos pasos, se golpeó la pierna con frustración y, jugándose el futuro, decidió llamar a Agustín.
—Señor... el abuelo aprovechó que usted no está en casa y vino a Costa Esmeralda... además, se llevó a Fabiola —soltó Sofía, apurada—. Y también estaba esa tal Karla.
Sofía todavía le agradecía a Fabiola que ese día la hubiera defendido y hasta le hubiera dado una bofetada a Karla por ella.
Por eso, hoy sentía que debía hacer algo por Fabiola.
—Ya me enteré, voy a encargarme —respondió Agustín en voz baja, y colgó.
¡El abuelo sí que no sabe esperar! Se notaba que la familia Barrera había estado moviendo sus piezas.
...
Hospital de Costa Esmeralda.
Karla miraba con aire triunfante a Fabiola, que seguía sentada en el carro, negándose a bajar.
—¿Todavía quieres resistirte? Tu sueño de ser la esposa de un rico se va a romper en cualquier momento. Quiero ver cómo piensas quedarte en la familia Lucero cuando se descubra tu mentira.
Fabiola tenía el rostro pálido y los labios lastimados de tanto morderse.
La enredadera se ve delicada, pero es capaz de asfixiar la planta a la que se agarra, chupándole toda la energía hasta dejarla morir. En el fondo, el abuelo lo sabía; por eso, jamás permitiría que Agustín se casara con alguien como ella.
En su mundo, los matrimonios solo eran posibles entre iguales.
Por eso Karla era la elegida.
Con ella, todo lo de la familia Barrera pasaría a manos de Agustín. Casarse con Karla era, para el abuelo Lucero, asegurar el futuro de ambas familias.
—¿Y tú qué? Sin el apellido Barrera, ¿quién eres en realidad? —le retrucó Fabiola a Karla.
Karla la fulminó con la mirada.
—No intentes ganar tiempo, no va a servir de nada.
—Fabiola, si de verdad estás embarazada, no te voy a hacer nada. Pero si descubrimos que mentiste, no voy a perdonarte. Y ni Agustín va a poder salvarte esta vez —advirtió el abuelo, haciendo una seña para que el asistente la llevara a hacerse los análisis.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Florecer en Cenizas
Queria esse lucro em português brasileiro...