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Florecer en Cenizas romance Capítulo 207

En realidad, Fabiola no sentía rechazo hacia Frida; al contrario, le gustaba su manera de ser y hasta la admiraba.

Pero… Frida seguía siendo la tía de Karla.

Frida no se equivocaba: Fabiola había provocado a Karla justo cuando vio que Regina bajaba las escaleras. Lo hizo a propósito, porque sabía que Karla y Martina eran de esas personas que solo atacaban donde sabían que podían hacer más daño.

Fabiola no tenía puntos débiles, salvo el hecho de ser huérfana y, claro, los cuatro años que estuvo con Sebastián.

Como Sebastián estaba ahí, Karla no se atrevía a sacar ese tema de frente, así que solo le quedaba hablar sobre el tema de su origen.

Y Regina… lo que más detestaba era que alguien despreciara a otro por ser huérfano.

Eso fue algo que Agustín le advirtió a Fabiola antes de salir de casa.

...

—Si te cansas, puedes ir a sentarte un rato por allá —le dijo Agustín después de platicar un momento con Regina. Se acercó a Fabiola, le tomó la mano con cariño y le dio un apretón juguetón en los dedos.

Se veía que Agustín estaba muy satisfecho con la forma en que Fabiola lo había defendido esa noche.

Pequeño conejito, tan listo… y cuando hace falta, sabe morder.

Fabiola negó con la cabeza y se mantuvo a su lado.

—Hoy te luciste, ¿eh? ¿Qué premio quieres? —Agustín le echó el brazo encima, en tono de broma, para animarla.

Fabiola sonrió, pensó un momento y lo miró a los ojos.

—¿Puedo pedir lo que sea?

Agustín asintió, divertido.

—No me asustas, pide lo que quieras.

Fabiola dudó un instante y murmuró:

—¿Entonces hoy en la noche, al llegar a casa, me puedes preparar costillitas?

Agustín arqueó las cejas, sorprendido. ¿Eso era todo lo que Fabiola quería?

—Mucho gusto, de verdad la admiro mucho. Siempre he respetado su trabajo, sobre todo La Casa que Respira, ese proyecto de estilo neoclásico que hizo en Los Ángeles del Sur. Ha recibido tantos premios… Es increíble.

Fabiola tenía ese talento: antes de ir a cualquier evento, investigaba bien y se aprendía los proyectos más exitosos de los que iba a conocer.

Regina se notó sorprendida. Ya sentía cierta simpatía por Fabiola, en parte por lo que sabía de su historia, pero ahora, con esa respuesta tan genuina, le cayó aún mejor.

La Casa que Respira era una de las obras de las que Regina se sentía más orgullosa, y el hecho de que Fabiola lo supiera, demostraba que estaba bien preparada.

—Agustín, te llevaste a una gran esposa —comentó Regina sonriendo.

Agustín abrazó a Fabiola y sonrió.

—En la chamba, aún le falta aprenderle mucho a la señorita Regina.

—No, para nada. Cuando llegue a Italia, yo la voy a presentar con más colegas del medio —prometió Regina.

El corazón de Fabiola latía tan fuerte que apenas podía disimularlo. ¡Era la primera vez que sentía que comenzaba a construir su propio camino en el mundo profesional y todo estaba saliendo mejor de lo que esperaba!

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