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Florecer en Cenizas romance Capítulo 296

Aula de clases.

Al día siguiente, cuando Fabiola llegó a clases junto a Griselda, Karla las estaba esperando en la puerta, bloqueándoles el paso.

Karla tenía toda la pinta de querer armar un escándalo a propósito.

A Fabiola le parecía que Karla tenía algún problema, y uno bastante grave.

—¿Te estuviste viendo a escondidas con Fabián? Zorra, ya es suficiente con que quieras enredarte con Agustín, ¿ahora también quieres meterte con Fabián? Escúchame bien, Fabián es como un perro criado por la familia Barrera, solo es fiel a mí. Si te atreves a buscarlo, no te la vas a acabar —Karla la señalaba con el dedo, y delante de todo el auditorio, la trataba de zorra sin disimulo.

—Ay, gracias por el cumplido, ¿eh? Si ser zorra significa verse bien, entonces qué halago —Griselda rodó los ojos, se adelantó y empujó a Karla con el hombro—. Mira, los buenos perros no estorban el camino. Si nosotras somos zorras, tú eres una perra rabiosa suelta.

Karla la miró con rabia.

—Griselda, ya bájale a tu show, no te creas mucho por juntarte con ella. Te aviso, cuando Agustín pierda todo, ¿tú qué vas a ser? ¡Nada!

Fabiola, sin perder la calma, sacó su celular y grabó el momento en que Karla la bloqueaba en la puerta y decía que Fabián era un perro de la familia Barrera. Envió el audio directo a Fabián.

—Ya le pasé tus palabras a Fabián —dijo Fabiola con una sonrisa tranquila.

Karla se quedó pasmada un segundo, pero en seguida se encogió de hombros, desdeñosa.

—¿Y qué si vas de chismosa? Fabián es de la familia Barrera, jamás te haría caso. Te lo juro, hace lo que yo le diga, no se atrevería a contradecirme.

Karla parecía convencida de que Fabián era cien por ciento leal a los Barrera.

Ella y Paulina Barrera siempre trataban a Fabián como si fuera una molestia, alguien que les estorbaba.

Por el lado de Fabián, no había contestado ningún mensaje. Seguramente ya estaba enojado.

Karla sonrió con esa mueca que usaba para burlarse.

—¿Ves? Ni te pela, aunque le grite diario, ahí sigue obedeciendo.

—Qué valiente eres… Ojalá nunca dejes de ser la hija consentida de los Barrera —soltó Fabiola con voz seca y siguió su camino junto a Griselda rumbo al aula.

Karla empezó a ponerse nerviosa, mostrando que no pensaba antes de hablar.

Fabiola tenía claro que Karla no estaba actuando sola. Seguramente Paulina le había dado la orden; para Paulina, Karla era solo otra marioneta.

Paulina sentía algo raro por Fabián, y cuando se enteró que Fabiola y él se habían visto a solas, perdió el control.

Pero no le preocupaba. Fabiola estaba dispuesta a darles problemas a Karla y a Paulina.

Difamar no era un juego. Si Karla no tenía pruebas, tendría que disculparse frente a todos.

Ahora que se sentía tan poderosa, sería delicioso verla tragarse sus palabras cuando llegara el momento de pedir perdón.

—¿Tú te atreves a llamar a la policía, Griselda? Recuerda que yo soy de la familia Barrera. ¡Si lo haces, haré que el Grupo Barrera corte todo trato con tu familia! —gritó Karla, cada vez más fuera de sí.

—Uy sí, qué miedo. Por cierto, ya me enteré que Roberto anda mal de salud, ¿no? Por eso tu fiesta de bienvenida a la familia sigue en pausa. Ni siquiera te reconocen oficialmente como una Barrera, así que tampoco eres la jefa del Grupo Barrera. Hablas de más, Karla, y la verdad, das risa —contestó Griselda, sin tomarse en serio ninguna de sus amenazas.

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