Se podía apostar a que Karla ya estaba deseando venir a pisotear a Agustín.
Después de todo, Agustín acababa de ser expulsado del Grupo Lucero.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó Fabiola al abrir la puerta, mirando a Karla.
Karla, con su típica arrogancia, sonrió con malicia.
—Fabiola, seguro ya te enteraste, ¿no? Agustín ya no es el heredero del Grupo Lucero.
Fabiola ni se molestó en contestarle.
—Aunque, bueno, no es que haya perdido todas sus oportunidades. Si se casa conmigo, según el acuerdo que dejó César, todavía puede recuperar el derecho a heredar el Grupo Lucero. Y no solo eso, también podría quedarse con toda la herencia de nuestra familia Barrera —dijo Karla, lanzando su propuesta como si estuviera haciendo un favor.
En su imaginación, seguro que Agustín iba a rogarle por esa oportunidad.
Después de todo, Agustín era un hombre de negocios, sabía perfectamente el valor de lo que ella le estaba ofreciendo.
—Agustín, ¿ya lo pensaste bien? —preguntó Karla en cuanto vio que él salía, sin ocultar su satisfacción.
—¿Qué clase de bicho viene a hacer tanto escándalo en mi casa? —Agustín abrazó a Fabiola y cerró la puerta en la cara de Karla—. ¡Qué fastidio!
Ya ni siquiera tenía ganas de fingir. Ver a Karla le revolvía el estómago.
Fabiola se rio bajito.
—¿De verdad no te tienta? Lo que te ofrece suena bastante jugoso.
—¿Tú crees que después de tanto lío, yo querría casarme con esa mujer? —Agustín la miró de frente—. Fabiola, ¿de veras piensas que soy tan desalmado?
Fabiola se apresuró a tranquilizarlo.
—¡Ya, perdón! Me equivoqué, lo admito.
La sonrisa de Agustín se ensanchó y, sin soltarla, la apretó con fuerza entre sus brazos.
—¿Y si ya admitiste tu error, no crees que te mereces un castigo?
Fabiola asintió obediente.
Agustín la levantó en brazos y caminó rumbo a la habitación.
—Mañana te llevo al hospital a checarte…
Fabiola se sonrojó hasta las orejas y murmuró casi sin voz:
Ella, como tía, después de tanto esfuerzo para encontrar a su sobrina, solo quería protegerla, cargarla en brazos y no soltarla nunca. Pero justo por miedo a que la verdadera identidad de Fabiola saliera a la luz, no se atrevía a verla tan seguido.
Si ese loco hablaba de más y Héctor o Paulina descubrían que la verdadera Karla era Fabiola, no dudarían en hacer todo lo posible para eliminarla.
—Tenemos que encontrar a ese tipo cuanto antes —dijo Tomás con voz grave.
...
Bodegas Vista Nueva.
Jaime, el loco, colgaba de una viga mientras unos sujetos le daban una golpiza en el estómago.
—Señor, este tipo está mal de la cabeza. No suelta palabra —dijo uno de los hombres, abriendo la videollamada para mostrarle a Héctor que el loco no confesaba nada.
—Solo dime algo —le habló Héctor, tratando de convencerlo—. ¿Esa niña de hace años sigue con vida o no? Respóndeme y te dejo ir.
El loco miró a Héctor, sabiendo perfectamente que ese tipo jamás le daría chance de salir con vida.
—Ya la maté. Tiré el cuerpo en el embalse de la montaña. Era tan pequeño, seguro los peces se lo comieron hasta los huesos.
No era ningún tonto: sabía que si admitía que Fabiola seguía viva, estaba muerto; y si negaba, igual podía morir, pero al menos tenía una esperanza.

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