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Florecer en Cenizas romance Capítulo 326

Residencia.

Fabiola estaba en el vestidor, eligiendo personalmente la ropa y la corbata de Agustín.

—Esta se te ve bien —comentó Fabiola, quien llevaba puesto un vestido largo color champán. Eligió para Agustín una corbata y unos gemelos del mismo tono.

Había puesto especial atención en ese detalle. Quería que todos se dieran cuenta de que ellos dos eran pareja.

Esa noche, acompañaría a Agustín a la cena de la asociación empresarial. Sabía que muchos aprovecharían para echarle tierra, pero Agustín era demasiado capaz. También habría quienes antes no se atrevían a acercarse y ahora buscarían ganarse su favor.

Fabiola tenía que asegurarse de que nadie intentara quitárselo.

—Sí, te ves bien —respondió Agustín con una sonrisa. Era evidente que notaba las intenciones de Fabiola, pero no le molestaba; al contrario, le gustaba.

—¿De verdad ya decidiste que sí vas a ir? —Fabiola levantó la mirada, observando a Agustín—. Aunque, bueno, ir a esa cena y conocer gente nueva te puede servir para tu negocio.

Agustín asintió, serio.

—Agustín, lo de Firmeza Global... —Fabiola no pudo evitar tocar el tema.

¿No podían hablar abiertamente de la relación entre él y Firmeza Global? Sentía que ir así a la cena era ponerlo en desventaja.

—Firmeza Global apenas está despegando. Si los demás se enteran de que tiene algo que ver conmigo, van a ponerle el ojo encima para frenarlo. Mejor dejo que siga creciendo por debajo del radar —explicó Agustín, despeinándole el cabello con cariño.

Tenía sus razones para mantenerlo en secreto. Ahora mismo, todos los tiburones del círculo social estaban con la mirada puesta en él, esperando verlo caer de nuevo. Así se aseguraba de que la atención no se desviara a Firmeza Global. Además, después de su salida del Grupo Lucero, muchos socios estaban perdiendo la fe en Gastón, el nuevo encargado, y buscaban nuevas alianzas. Era una oportunidad dorada para Firmeza Global.

Fabiola captó la idea de inmediato y asintió obediente.

—Está bien, como tú digas.

Al ver que Fabiola se preocupaba tanto por él, Agustín decidió bromear un poco.

—¿Y si… en la cena alguien se mete conmigo?

Fabiola, al ver la expresión de Agustín, sintió de inmediato unas ganas enormes de protegerlo.

Después de todo, nadie quería meterse en problemas.

—¡Vaya, vaya! ¿No es el señor Agustín? Me enteré de que dejó el Grupo Lucero. ¿Ahora dónde está trabajando? —una figura emergió del grupo y se acercó a Agustín con una sonrisa falsa. La intención era clara: venía a buscar pleito.

Ese sujeto había sido socio de Agustín, pero por hacer trampa en los materiales, Agustín lo había puesto en la lista negra del Grupo Lucero. Desde entonces, le guardaba rencor.

Ahora veía la oportunidad perfecta para humillarlo.

—Señor Agustín, escuché que eso de emprender no le está yendo bien. Si quiere, deje eso y venga a trabajar conmigo. Me falta alguien para el puesto de encargado de almacén. Es un trabajo tranquilito, ideal para que se jubile joven y pueda relajarse —soltó el tipo, lo que hizo que varios a su alrededor se rieran.

Fabiola no podía creer la hipocresía de esa gente. Solo sabían aprovecharse del que está arriba y pisotear al que está abajo.

—Mi esposo, aunque haya dejado el Grupo Lucero, sigue estando a un nivel que tú ni en sueños alcanzarías. ¿De dónde salió este payaso? Mejor mírate la cara que tienes... —reviró Fabiola, lanzando una mirada al resto—. Sería mejor que todos pensaran bien con quién hacen tratos. Gente tan cerrada de mente nunca llega lejos. Si llegas a caerle mal, quién sabe cómo te va a pisotear después...

El ambiente se tensó de inmediato.

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