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Florecer en Cenizas romance Capítulo 518

Fabiola se quedó perpleja por un instante, pero pronto comprendió la jugada.

Fabián no esperó a que nadie más hablara. Se giró hacia los oficiales con una autoridad que no admitía réplicas.

—Oficiales, como ven, esto es un asunto corporativo interno. Iremos a la sede ahora mismo para revisar los registros del servidor. Si confirmamos el delito, nosotros mismos la entregaremos.

Sin esperar respuesta, agarró a Paulina del brazo con una fuerza que le hizo daño.

—Vámonos. A la sala de juntas. Ahora —ordenó Fabián, arrastrándola fuera del recinto y lejos de las cámaras, dejando claro que el juicio real apenas comenzaba.

Los doce accionistas presentes intercambiaron miradas de incredulidad. La sola presencia de Paulina Barrera en esa sala ya era una violación al protocolo, dado que había sido apartada de la familia, pero que Fabián la hubiera traído como "asesora externa" y ahora la defendiera así, era el colmo.

Bajaron la vista o fingieron revisar sus documentos, evitando hacer contacto visual con quien presidía la mesa. Fabián Gallegos acababa de soltar una mentira flagrante para protegerla, y hasta el empleado más nuevo sabía que era falso. —Fue un error administrativo —repitió Fabián, pasando la mano por su cabello perfectamente peinado, ignorando la tensión en el aire—. Se acomodó el saco azul marino con un movimiento brusco, visiblemente a la defensiva. —Mi asistente personal envió el archivo incorrecto a la carpeta de Paulina. Ella, al estar fuera de la operación diaria, no tenía forma de saber que ese diseño era un borrador privado de Fabiola.

Paulina, sentada a su derecha, bajó la vista de inmediato, ocultando el rostro entre las manos en un gesto de vergüenza ensayada. Sacó un pañuelo de seda y se secó la comisura del ojo, aunque no había lágrimas reales allí.

—Sí, lo siento mucho. De verdad, no revisé bien el origen del archivo —murmuró Paulina con voz temblorosa, lo suficientemente alto para que todos la escucharan—. Estaba tan presionada por la fecha de entrega... Fabiola, por favor, perdóname por este terrible malentendido.

Fabiola Campos no parpadeó. Estaba sentada al otro extremo de la mesa, con las manos entrelazadas sobre la superficie de caoba fría. Observó a Fabián con una atención casi clínica. Notó las pequeñas gotas de sudor que brillaban en la frente de él, vio cómo sus ojos evitaban su mirada y se centraban obsesivamente en un bolígrafo que giraba entre sus dedos.

En ese instante preciso, la imagen del hermano mayor protector, aquel hombre íntegro que el abuelo le había descrito en su lecho de muerte, se desmoronó por completo. Frente a ella no había un líder, ni un aliado. Solo había un hombre dispuesto a pisotear la integridad de la empresa familiar por una mujer que no valía nada.

Fabiola sintió que las puntas de sus dedos se enfriaban, como si la sangre se hubiera retirado de sus manos. No había rabia, ni ganas de gritar, ni siquiera el impulso de llorar. Solo una claridad repentina y helada.

Lentamente, empujó su silla hacia atrás. Las patas de metal rechinaron contra el piso de mármol pulido, un sonido agudo que hizo que dos directivos levantaran la cabeza sobresaltados.

Capítulo 518 1

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