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Florecer en Cenizas romance Capítulo 526

El pitido del monitor cardíaco marcaba un ritmo lento y constante en la habitación de terapia intensiva. Bip... bip... bip...

Griselda Rivas estaba sentada al borde de la cama, con los ojos hinchados y el maquillaje corrido por las mejillas. Apretó la mano fría de Gastón entre las suyas y soltó un sollozo ahogado que le raspó la garganta.

—Eres un idiota, Gastón... —susurró, con la voz quebrada—. ¿Cómo se te ocurre morirte ahora? Ni siquiera me dejaste decirte que sí. Que sí me gustas, que me gustas un chingo, aunque seas un niño latoso.

Griselda se inclinó hacia adelante, apoyando la frente en el brazo inmóvil de él.

—Perdóname por haberte rechazado. Tenía miedo. Pero si despiertas, te juro que no me vuelvo a alejar. Por favor... no me dejes sola.

De repente, sintió que los dedos de Gastón se movían levemente contra su palma.

Griselda levantó la cabeza de golpe, pensando que lo había imaginado.

Gastón abrió el ojo derecho. Luego el izquierdo. La miró fijamente y se llevó el dedo índice a los labios con un movimiento lento pero preciso.

—Shhh.

Griselda se quedó paralizada un segundo, procesando la imagen. La tristeza se transformó en incredulidad y luego, en una furia volcánica.

—¡Imbécil! —gritó en un susurro agresivo, levantando la mano para darle un golpe en el hombro—. ¡Me asustaste de muerte! ¡Creí que te...!

Gastón no la dejó terminar. La jaló del brazo con fuerza, haciendo que ella perdiera el equilibrio y cayera sobre su pecho. Antes de que Griselda pudiera protestar, él le cubrió la boca con la suya en un beso profundo y desesperado.

Griselda se tensó al principio, pero luego sus manos se aferraron a la bata de hospital de él. El beso sabía a lágrimas y a medicina, pero estaba vivo. Muy vivo.

Gastón se separó apenas unos centímetros, respirando agitado.

—Cállate o nos van a descubrir —susurró él, con una sonrisa débil pero traviesa—. No estoy muriendo. Es una trampa para Violeta.

Griselda parpadeó, confundida.

—¿Qué?

—Ella intentó envenenarme. Yo lo sabía. Fingimos el infarto para que ella crea que ganó —explicó Gastón rápidamente, acariciándole la mejilla—. Necesito que confiese. Hay cámaras y micrófonos ocultos en la habitación. Agustín está monitoreando todo desde el centro de mando.

Griselda se quedó helada, olvidando por un segundo la conspiración.

—¿Agustín? —susurró con los ojos desorbitados—. Pero Agustín está mu...

—Luego te explico. Alguien viene —la interrumpió Gastón, tapándole la boca suavemente al escuchar el sonido de unos tacones resonando en el pasillo exterior. Clac, clac, clac.

Gastón se puso rígido.

—Es ella. Viene a regodearse.

—¿Qué hago? —preguntó Griselda, entrando en pánico.

—Escóndete en el baño. Deja la puerta entreabierta. Y graba con tu celular por si acaso —ordenó Gastón, volviendo a cerrar los ojos y relajando el cuerpo para parecer inconsciente.

Griselda se levantó de un salto, corrió al baño de la habitación y se metió justo cuando la perilla de la puerta principal giraba.

—Tú tienes el talento. Yo pongo el escenario —la interrumpió Agustín, mirándola a los ojos—. El equipo de marketing de Firmeza Global ya está trabajando. No te preocupes por la asistencia. Tú preocúpate por que esos vestidos sean perfectos.

Mientras tanto, en las oficinas de diseño del Grupo Barrera, el caos era total.

Paulina Barrera gritaba histérica, lanzando un vestido de satén blanco al suelo.

—¡Esto es una basura! ¡Se ve arrugado! —chilló, señalando a sus asistentes que temblaban en un rincón—. ¡Les di los bocetos exactos! ¿Por qué no se ve igual que en el dibujo?

—Señorita Paulina... el corte del boceto requiere una técnica de costura que no conocemos, intentamos imitarlo pero... —balbuceó una costurera.

—¡Inútiles! ¡Todos son unos inútiles! —Paulina pateó el vestido—. ¡Arréglalo! ¡No me importa cómo!

Paulina respiró agitada. Se giró hacia el espejo, alisándose el cabello.

—No importa —se dijo a sí misma en voz alta—. Soy una Barrera. Todo el mundo va a venir a mi evento solo por el apellido. Fabiola va a estar sola en su tallercito.

De vuelta en el estudio de Agustín, él se apartó hacia el ventanal para hacer una llamada.

—Facundo —dijo al teléfono con voz baja y autoritaria—. Quiero que todos los influencers de moda, los críticos importantes y la prensa de espectáculos reciban una invitación exclusiva para el evento de Fabiola. Mándales regalos, transporte privado, lo que sea necesario.

Agustín hizo una pausa, mirando el perfil de Fabiola que volvía a coser concentrada.

—Y asegúrate de que el evento empiece exactamente a la misma hora que el de Paulina. Quiero que tengan que elegir. Y vamos a asegurarnos de que elijan bien.

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