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Florecer en Cenizas romance Capítulo 527

La noche del lanzamiento llegó. El aire estaba cargado de humedad y expectativa.

En el Salón Diamante del Hotel Imperial, Paulina Barrera estaba parada en la entrada, con una copa de champán en la mano y una sonrisa congelada que empezaba a dolerle.

El salón estaba decorado con flores blancas costosas y candelabros de cristal, pero se sentía vacío.

Eran las ocho y media. El evento debía haber empezado hace media hora.

Los meseros circulaban con bandejas de canapés de salmón que nadie comía. Solo había unas treinta personas dispersas: empleados del Grupo Barrera obligados a asistir, algunos socios viejos de Fabián que miraban el reloj con aburrimiento y un par de periodistas locales de segunda categoría que comían gratis.

—¿Dónde están? —siseó Paulina entre dientes, apretando la copa—. Invité a toda la lista A. ¿Dónde está la editora de Vogue? ¿Dónde están los influencers?

Fabián se acercó a ella, con el rostro serio.

—Tranquila. Quizá hay tráfico —dijo, aunque sabía que era mentira.

Paulina sacó su celular frenéticamente y abrió Instagram.

Lo que vio la dejó helada.

Al otro lado de la ciudad, en una antigua fábrica remodelada con estilo industrial, el evento de Fabiola era una locura.

La transmisión en vivo de un influencer famoso mostraba una entrada abarrotada. Flashes de cámaras disparaban sin parar. Celebridades, críticos de moda y socialités se peleaban por entrar. La música en vivo retumbaba con un bajo profundo y moderno.

—Maldita... maldita sea... —masculló.

Frente a ella, una de sus modelos principales salió del vestidor con el vestido estrella de la noche, una copia mal hecha de un diseño de Fabiola.

—Señorita Paulina, el cierre se atoró y...

Paulina no la dejó terminar. Cegada por la ira, apretó la copa con tanta fuerza que el cristal estalló en su mano antes de que pudiera lanzarla.

El vino tinto explotó contra su propio pecho, manchando su vestido de diseñador de un rojo oscuro y violento.

La modelo gritó asustada por los vidrios, pero Paulina ni siquiera sintió el corte en su palma; solo sentía la humillación quemándole la piel.

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